Matias 1

Matías se levanta como todas las mañanas esperando que afuera el mundo se empiece a acabar con las profecías que le enseñaron, hace tiempo, marcarían la inminente destrucción del planeta y que viene esperando con ansias desde que falló la fecha tentativa de la destrucción de la humanidad en el 2000, para ese entonces y con 9 años menos Matías estaba seguro que en el momento de las 12 campanadas caerían al menos 12 meteoritos en las 12 principales ciudades del mundo o que estuvieran en erupción los 12 principales volcanes del planeta, o en el peor de los casos cayeran 6 meteoritos y 6 volcanes hicieran erupción, para decepción de Matías no cayo ningún meteorito y lo mas que llego a pasar fue que el volcán cercano a la ciudad de México escupió 3 fumarolas que no fueron lo suficientemente grandes como para cambiar el color de la alerta de amarillo a rojo.

Matías hoy se levanto como todos los días esperando ser un poco mas interesante, no por que no lo sea o porque deje de serlo, sino porque luego no tiene de que platicar en el café donde mas que por los pseudointelecutales de la condesa, va porque el capuchino no lo sirven con tanta espuma y no tiene que agarrar la servilleta para quitarse el bigote de espuma que suele dejar esta clase de bebida; ahí en la condesa todos se creen mas inteligentes que los de la Roma, a Matías le parece que es porque la avenida Insurgentes marca un cambio evolutivo y cultural que aparta a la condesa de todos los demás lugares del mundo y a decir de muchos habitantes de esta colonia incluso los pone por encima de París, Manchester y Venecia.

En este café que por lo regular esta distribuido con un 45% de mujeres, un 35 % hombres en un 20% de hombres o mujeres que aun no saben a que genero pertenecen, Matías conoció a Robert, un personaje peculiar con el que se identifico de manera singular, a Matías le pareció que este ser era el único con una capacidad real en por lo menos 10 kilómetros a la redonda, cierto es que Robert también tenia el pelo largo y una parte de su melena parece decolorado en un caro salón de belleza, particularidad que le daba cierto aire de pertenencia a la pseudo intelectual colonia. Robert y Matías, sin querer compartieron una mesa y no hubo que decir nada para saber que de ahí en adelante, de una manera muda siempre serian buenos compañeros, al menos durante los siguientes 4 meses donde se verían cada tercer día en el mismo lugar y se dirigirían las mismas miradas, Robert no era de muchas palabras, pero si de concretas acciones, se le podía ver por el barrio a veces con Mary Tere, la fotógrafa y a veces con Luis, que últimamente quiere que le llamen Luigi porque se decidió a ser DJ. Pero la verdadera amistad había nacido entre Robert y Matías y sobra decir que lo que mas le agradaba a Matías de su amigo era el silencio que siempre guardaban, el respeto de no preguntarse nada del pasado recíprocamente y el desdén que Robert siempre le hacia a los hippies de los 60 que llegaron a los 90 y que milagrosamente algunos sobrevivieron para el nuevo siglo y que tenían una estela de olor a pachuli que los hacia notar al menos 20 metros a la redonda.

Robert en ese tiempo fue un buen conocido de Matías y compartían lo poco que se servia en el café de la condesa y no consideraba que fuera grosero por parte de Robert que de pronto y de la nada este se levantara y se fuera a donde el destino lo llamara, Matías siempre considero a Robert libre de acción y sobre todo, nunca olvido que Robert era el perro de la colonia y que por lo regular iba de café en café buscando al mejor samaritano que le diera la mayor ración de galletas, bolillo o en un buen día, un pedazo de jamón serrano de los que ponen con bolitas de melón en un plato grande al centro que cuesta 55 pesos con una ganancia aproximada a los 30 pesos por platillo.

Matías hoy se levanto para parecer un poco mas inteligente pero en realidad recapitulo al llegar al baño cercano a su cuarto mientras se veía al espejo y pensó que en un sábado lo único que lo haría mas inteligente era ver el canal de biografías en la tele de paga que hoy prometía transmitir la verdadera historia de Al Mahdi, un musulmán que había decretado que el estudio del Corán tenia que ser obligatorio en la primaria, pero en aquella época y en aquel lugar no había primarias en el imperio otomano por lo que , para quitarse la duda, Matías decidió ver la biografía programada para las 11 de la mañana.

Hoy Matías no fue al café, ni se acabo el mundo con terremotos, tampoco vio a Robert y en el segundo bloque de la biografía se fue la luz en su departamento. Quien diría que la compañía de luz, aparte de hacer un mal trabajo, también puede cambiar el destino de Al Mahdi en su participación televisiva…