Caer.

por fernandobenavides

“Well I jumped into the river,
Too many times to make it home”
Estranged, Guns ‘n Roses

El acto de caer es el sentido puro de libertad, caer es como volar, elevarse al punto máximo al que un ser puede llegar, solo que a la inversa.

Entre caer y volar la única diferencia es donde te da el aire, si te da en la cara es que te diriges al cielo, si te da en el culo vas para el infierno,
De ahí en adelante todo es circunstancial para saber como te recordaran, si caes a la inversa, o sea para arriba, leerán de ti una biografía, si caes en la dirección original, o sea para abajo, leerán solo un epitafio.

El acto de caer es libertad de soltarte y perder el piso, librarte de eslabones absurdamente poéticos y darte el gusto de aventarte de un nivel equivocado, un piso de mierda en el que te hundes. Por eso es bueno caer, porque cayendo no te hundes mas, cayendo te vas al carajo y punto, caes como un acto de fe, sin saber que hay abajo, sin saber que tanto volarás o morirás, pero en el trayecto, en ese corto-largo trayecto de la caída, hay preciosos segundos detenidos en el tiempo, en los que todo tiene coherencia. La misma caída te da genio para escribir lo más carnal y lo más sincero, porque si no escribes lo más sincero frente a la muerte ¿entonces cuando?. Eso si, hay que estar conscientes que la caída no te mata, te mata el golpe, el impacto que te deja con el cerebro embarrado en la calle del absurdo, con las imágenes que tenias justo en el momento que tu cabeza se encontró con el filo de la banqueta, imágenes escurridas por esa fuga que ha quedado abierta para todo el publico con un pase gratuito al morbo. Caer te hace protagonista único del momento y toda la gente se interesa por tu caída, por verte tirado y por leer lo que escribiste en el trayecto inmediato del cielo al piso.

El sentimiento que acompaña la caída siempre es el mismo, no hay vez que el caer no te deje algo, la mayor parte de las veces te deja una sincera expresión nacida de unos ojos abiertos como platos redondos de asombro al gritar: -¡carajo me caigo!. En otras ocasiones te deja esos instantes donde sabes que no podrás estar más abajo después del impacto y sonríes de manera cómplice con el aire que en ese caso te esta dando directo en el culo. Claro que no podemos dejar de fuera esas otras ocasiones donde uno tiene el pésimo gusto de morir en la caída.

Al final todos saltamos, al final es un ir y venir perpendicular de personas. “Esta lloviendo gente” diríamos todos los días si viéramos a todos los que caen en sus ideas, decisiones, en su muerte. Pésimo gusto eso de morirse, ¿ya lo había dicho? y más si caen a tu lado y no le queda vida al muerto para levantarse de nuevo.

Que caigan todos, que caiga la economía, que caigan las ideas, que caigan los países y que caigan los corchos de vino blanco espumoso que celebran que después de la caída, todo se levanta de nuevo.