Tanto… Nada.

Tanto que decir que se pierde la entrada, no son las cosas que uno dice sobre el libro en curso, es algo más y algo menos, es un decir adiós como siempre he dicho, es un decir hola a lo que aun no llega. Quizá sea no querer dormir porque aun los dedos teclean las necesidades de la sangre.

Uno no se comprende, por eso las respuestas que nos damos no son tan satisfactorias viniendo de nosotros mismos.

Hoy quiero creer que se puede creer más que ayer, cosas ridiculas como que mañana será diferente, será un día virgen, con el aire suficiente, probablemente, para vivir veinticuatro horas más.

Pero viene la necedad de necesitar todos los días una amante, una en quién poder confiar, una en quien vivir. Mañana no importa, como no importa hoy la noticia del que acaba de morir y al día siguiente llega en su lugar la resignación, a veces terca, a veces necesaria.

A veces uno esta harto de resignarse… a veces hay que resignarse de nuevo.