Imagenes afelpadas.

por fernandobenavides

No había nada más excitante que ver a una mujer enrollada en una toalla afelpada, blanca, húmeda por recoger las gotas olvidadas de la regadera. Inofensiva por desprotegida, casi acompañada de sugestión.
Nada más  atractivo que saber que bajo la toalla no había más que piel y poros que respiran incertidumbre, que levantan al vuelo la intolerancia de lo correcto.

El cabello húmedo colgando a los hombros, cabello que encamina gotas restantes del baño y de vapor. cabello inconsciente de su belleza casi salvaje y enteramente perfecta, contrastante al color de la piel, el cuello incitante de la caricia prohibida a los testigos ocultos y mudos.

Los labios carmín entreabiertos insinuantes de palabras quedas casi imperceptibles, guardianas del aliento dorsal de su naturaleza abrumadora.

No hay declaración más honesta que la cumplida a una mujer que está con el pudor enrollado en una toalla que no se quitará y permanecerá perfecta saliendo de un momento, dejando todo en una imagen.

No hay nada como una toalla y más aun, la mujer que esta dentro de ella, deteniéndola con sus brazos, descubriendo sus hombros, descubriendo su piel, sus sombras y su elegante obscenidad.