Pescando a la orilla del tiempo.

Fue en un momento extraordinario cuando llegaron aves por cientos y descansaron a unos metros de donde estaba, fueron cientos y fue por unos minutos, estaba sentado, pescando a la orilla de mi tiempo, volaban por cientos y cuando llegó la última ave del cielo, el sol se había marchado con mis preocupaciones.

Fue ver un milagro o cientos de ellos, el latir se adivinaba más lento, el viento señalaba sin hacerlo lugares distintos a donde caminar.

Eramos unos cuando nos sentamos al pasto y en el último aletear de la última ave del mundo éramos otros.

Ese es el lugar dónde el sol descansa, yo lo se, estuve ahí, recibimos las primeras estrellas precoces que se tornaron en extraordinarias y elegantes coristas de hermosas canciones que trataban de sueños por cumplir.

Yo estaba ahí, lo juro, vi el mundo cambiar. Probablemente de mi no lo crean, lo entendería, yo tampoco creería tal historia… por fortuna mi amigo estaba ahí, por fortuna eso lo vi con alguien y puedo decir, cuando él lo cuente, que es cierto, ese día supimos dónde descansa el sol.

 

Dedicado a Salvador Castañeda, mi padre y mejor amigo.