Reseña Diez.

Quizá fuera una coincidencia que la luz del foco se apagara, que la vela tuviera el pabilo mojado y que ese día precisamente, la luz molestara sus ojos. Quizá fuera coincidencia que la molestia de sus ojos respondía al dolor de sus dedos amputados. ¿Cómo había podido ser tan iluso al creer que podía ganar la apuesta con un carnicero experimentado? ¿cómo pudo apostar y retar al carnicero a….

Esa es la premisa de Diez, una historia cimentada en tres ejes que nos muestran a dos personajes, un viajero y un carnicero por diferentes poblados hasta llegar un pueblo olvidado casi mágico, lleno de personajes imposibles.

En el último día de su vida, el viajero escribe cinco poemas en cinco hojas que encuentra en su bolsillo, es el mismo viajero que perdió los dedos en la apuesta. Los dedos perdidos son la metáfora que a veces no hay nada que escribir y hay que esperar a que la razón llegue con la inspiración. Para mala fortuna del viajero, su inspiración llega el día de su muerte y tiene que resumir su vida en tan sólo cinco hojas.

Las historias de dos personajes (carnicero y viajero) se van cruzando en algunos lugares, sin embargo cada quien ve de manera distinta los poblados que visitan.

Una historia en la que las dos partes de una persona se ven reflejadas. La aventura y la nostalgia se ven reflejadas sobre los mismos lugares dejando al aire la primer pregunta: ¿qué fue lo que apostaron para poder perder los diez dedos?