Aires grises

A veces la extraño como para arrancarme las entrañas donde aun hay vestigios de ella.

A veces siento que su recuerdo muerto vive para no dejarme en paz y su piel tersa regresa para poderla besar.

A veces la recuerdo tanto que empiezo a hablar con los relámpagos de sus grandes ojos, y empiezo a saberla con olor a cacao y a cenas de despedida.

A veces aun tengo sus oídos dispuestos a mis secretos y tengo su sonrisa en el eco de mi descanso.

A veces aun sigo llamándola para saber cómo está, y siento que me contesta diciendo que todo está bien. A veces sigo pensando que me va a llamar para invitarme a su graduación y busco ropa adecuada; entonces me pongo a escribir.

Pero aun estoy aquí, esperando sus llamadas y sus respuestas, las últimas lagrimas de sus ojos y la mano que me acompaña hasta el final de mi soledad. Sin mucho más que hacer, sólo recordando cómo en algún tiempo el viento de las palabras iba en la dirección correcta y la vida al lado de alguien tenia un sentido que ahora he perdido.

Ahora todo está bien, ahora las cosas son como deberían y me visto de forma adecuada para visitarla en mi recuerdo y dentro de sus alientos regreso a su pecho y su piel a mis manos y sus temores, regreso a sus ojos viéndome, creyendo que nada de eso iba a terminar.

A veces me olvido que ya todo acabó, que ella no me da sus miradas ni el tiempo de su recuerdo, ahora la veo lejana y empiezo a pensar que los colores grises me vienen bien, que su cabello no me estorba y que ahora solo la recuerdo para escribirle como ahora lo hago.

Después puedo descansar hasta el siguiente recuerdo que me nazca demacrar.