Campos de trigo.

He estado esperando la madrugada, supongo que puedo decir eso después de las tres de la mañana. No tengo whisky, parece que aquí las bebidas se evaporan, o no hay nada mejor que hacer… pero encontré un poco de ron, nunca he sido muy fan del ron, dejé de serlo cuando me entregaron el certificado de secundaria y supe que tenía edad para olvidar las tardeadas en los bares de la ciudad, de cuando contaba diez y seis diciembres y no más.

Ahora las cosas que decidí en aquel entonces empiezan a pesar, quién lo diría, quince años después me comienzo a preguntar por qué no hice una cosa o la otra. Debí besar más chicas y pensar menos en lo que iba a ser porque al final no fui lo que creía en esos tiempos, le aposté a un caballo que ni siquiera corrió, todo salió un poco de cabeza pero no salió tan mal, pudo ser peor; salir del hipódromo y desbocar otros caballos ha sido, al menos, más divertido.

Todos mis amigos se han comprometido, he sido testigo de eso, de esa locura que en ellos se ve tan cuerda, que me causa pensamientos que se avientan al mar para que vayan de ola en ola.

Ahora que he paseado por la desesperación he encontrado que todo, en estas tierras, es bastante tranquilo. He escuchado cómo el tabaco se quema en el silencio mientras la gente va saltando de etapa en etapa y me sigo alegrando por ellos.

Me he enamorado de las conversaciones, he pensado en ello y he imaginado los besos que no he dado, y tengo los campos de trigo sin andar reservados para hacerlo en compañía del tiempo negociado antes del día último de mi respiro.

En las distancias sigo buscando un cuello largo que pueda acariciar en la incertidumbre venidera, sigo buscando heroínas para jugar al héroe y sigo pensando en el gran dolor que es el amor y la bella muerte que debe provocar el verdadero.

Sigo creyendo en el desgaste de mis esfuerzos, en que todo se derrumbará para tener buenos recuerdos de lo que fui, y sigo pensando que entonces alguien estará ahí y nos preguntaremos a dónde iremos. La respuesta no me preocupa, lo que importa es la pregunta.

Quién sabe, a lo mejor brindo con Belcebú y a lo mejor incendiamos los caminos con tan solo pensarlo.

A lo mejor la madrugada llega y andamos sobre ella.