¿Suficiente Rock?…

A lo mejor regreso a los escenarios, es lo que pensé cuando se me cruzaron los tatuajes de un destino perdido en la arena.

Para mi habían sido demasiadas filas y al final las cervezas dejaron de tener sentido cuando el negocio del alcohol rebasó por mucho el cuidado del show que ocurría en el escenario; cuando las corporaciones atacaron la integridad del rock fue mi llamada de salida. Por eso dejé de ir, por eso me dije que lo último sería ver a McCartney y después nada, cerrar las puertas y guardarme en un cuarto con los recuerdos y la distorsión que llega en oleadas de ecos a la esquina de mi cabeza, donde mantengo las cosas en desorden para saber dónde encontrarlas.

Estaba satisfecho de lo que había visto, pero quizá me hace falta levantar unas cuantas veces más la mano y sentir la lluvia en mis hombros al filo de la gente o el sol quemando la desesperación para que salga alguna esperada actuación.

Todo por esos tatuajes que recorren la incertidumbre de la tranquilidad, tentando a la curva donde había rectas, ciertamente eso es lo que me hace dudar si mis recuerdos son suficientes para fijar en tierra la cripta de mi descanso.

No lo se, es bueno no saber algunas cosas para no tener la certeza ni golpearte con la verdad, es bueno pensar que el camino está abierto y que son necesarias las luces que prendemos los que estamos bajo el escenario.

El rock es la disconformidad, es la deserción y es lo que nos hace seguir cuando todo está en paz, el rock cuestiona y a veces, en mis noches, llega y me pide cuestionar todo de nuevo.

A lo mejor regreso a los escenarios, pero no solo, a lo mejor regreso para después contar algo, a lo mejor regreso para levantar la mano y recordar la mejor afirmación que me han hecho.

¿Suficiente Rock?… ¡Jamás!