Agonía.

por fernandobenavides

Cuando piensas que estás muriendo es porque ya estás muerto,

Así, de pronto cuando el sol te da en la mirada y las cejas se pierden en su camino, cuando las horas se cuentan al mismo cansancio que las de ayer, de la nada llegan pedazos de verdades, personas muertas que caen del cielo mientras caminas y no te detienes a ver su rostro, evitando saber si uno de ellos es conocido, algún hermano tuyo, con el rostro tan común que no quieres ver y sigues el camino.

¿Cómo puedes decir que tu verdad es mejor que otra? Cómo pudiste enterrar en momentos penosos la amenaza que llegarías lejos cuando tus pies están cansados… cuando ofreciste lo poco que creías tanto

Y cuando todo empieza a ser normal, cuando las ideas de antes cuelgan en su fuego interno la cripta de su descanso, cuando todo lo que pensaste empieza  ser borroso, venido como de sueño, tus propias pesadillas tan queridas que te abandonan por otras comunes, tan vulgares, tan de ahora.

Cuando piensas que estás muriendo es porque ya estás muerto, es tarde reconsiderar. Aunque quieras regresar en desesperación, no recuerdas el serpenteado camino, las señales de pan, el boleto de regreso a lo que fuiste y nunca te diste cuenta; a todo eso, lo que ya no eres, es ahora cuando todo el mundo avanza tarde, cuando la noche impide ver y escuchas a lo lejos lo que quieras hacer y el poblado tan claro antes, ahora en la madrugada, sin la luz del cansado día, se escucha derrumbar, la ciudad grita porque nunca fue siquiera cimientos, ni los suelos pisados, gastados, muerto todo.

Quisieras regresar a ser eso de ayer mañana, solo que no recuerdas como hacerlo, solo que tu espalda ya se empieza a encorvar y los amores muertos no se levantan, ni los amigos caídos, no los cuerpos podridos de tanto olvido, no los lugares que te dieron sombra cuando había sol sofocante del desierto, reflejado por la aguanieve de lo imposible.

Estaba cansado de morir hasta que me di cuenta que nunca había sido cierto, hasta ahora, al caminar de mis dedos, mis rodillas, mis esfuerzos, los tobillos coartados en intentos, mis sonidos graves, mis muertos y lo que no hice por ellos, los hogares que pase ignoré; hasta ahora que me veo con la ceniza que traía arrastrando, hasta ahora que soy tan muerto que puedo hablar de infiernos cálidos, de agonías como está, que me abre los ojos por la mañana.