En qué fallé

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¿En qué fallé?

En ser un canguro, claro, para poder saltar más alto de los obstáculos que se nos vinieron encima.

Fallé en ser completo, porque no estoy muerto, por ello sé que no di todo, la vida me quedó.

¿En qué fallé? En no escuchar y escuchar demasiado, en hablar mucho y platicar poco, fallé en hacer reír para que las lagrimas se alejaran hasta el centro del mar y no salieran jamás.

Fallé en la fuerza grande para levantarme cada mañana y empezar de nuevo todo; en cambio empecé cada día creyendo que el anterior había sido aceptable y caí sin saberlo en una mañana eterna de la que nunca desperté, realmente.

Fallé en no decir suficiente cuando lo era. En dormir demasiado y demasiado poco soñar.

Fallé en no correr a su lado por los campos y anhelos de nieve, fallé en no ver todo aquello en lo que fallaba.

Caí en todas las apatías, todas las oscuridades en.

Falté a cada cita de tranquilidad necesaria, dejé de escuchar los tenores del asombro, quizá porque empezamos demasiado portentoso, quizá porque desnudos estuvimos en la primera noche y el frío viento nos laceró la piel, las manos y la boca. Fallé al dejar de besar.

Fallé al caer en provocaciones y provocar cuando estaba cierto que eso nos heriría, como fue y como ocurrió.

Fallé en ser pequeño para guardarme de la tempestad en el abrazo de las hormigas, fallé en ser grande cuando las espigas comenzaron a tapar mi vista.

Fallé como la cabeza de un cuerpo que desfallece, perdí a mi grupo amado y fui abandonado, fallé al no construir una casa propia, una cálida cama, un fogón continuo y ardiente que se extinga nunca.

Fallé al cantar muy poco, al caminar muy poco, al sorprender muy poco, al olvidar apreciar.

Olvidé su cuerpo desnudo, y fallé.

Escondí los deseos, y fallé.

Perdí los amaneceres, y falle.

Destruí la última noche estrellada, y fallé.

¿En qué fallé?  En no saber vivir, como tanto había esperado hacerlo.

Ahora no engullo esperanza, se ha ido, la mandíbula fuerte erró, la cabeza aguzada se mantiene gacha, las orejas tiesas reciben el frío, solas, solitarias, moribundas.

Fallé todo, y todo he perdido.

Mancebo el tiempo que tarda en madurar, que la guerra en centuria será y la tregua me abandona, que la noche es larga por tanto fallar.