Penumbra

Y de pronto el mundo pierde su sentido si esa persona se aleja; las miradas, las luces, los suspiros y los ruidos desaparecen; aunque ahí estén -calla, entiérrate -se dicen unos a otros.

Las personas personas dejan de ser, los minutos en la espalda se montan, cansado, qué pesados son, y los pensamientos se apelotonan en catastrófico choque, convulsionados y en lamento unos, las palabras se quedan sin brújula, en locura la rosa de los vientos, el aire pega en sentido contrariado y uno, que lo vive y que lo muere, sin alguna duda fallece. Pero qué hago solo, sino ser solitario.

Fortín destruido allí,
endeble allá,
sinsentido en cualquier lado,
extrañándola en todo momento,
y los momentos son muchos,
incalculables, completos y todos.

Ahora me quedo quieto, esperando el frío, con la noche que no termina, más aun, que se junta una con otra y entre ellas el amor hacen, yo me arraigo en cualquier roca que se preste, mientras del amor de la noche una noche nace más, se junta con otra de nuevo e incesto cometen, y entonces, mi vida es completa de nocturnas, de penumbras, con luces que se mantienen a la distancia; en algúna hora llegarán, algún día los días entrarán en el sendero, uno tras otro, sin fin; mientras, en la espera, mis noches aprenden a fatigar con éxito mi espera continua.

Qué lugar tan perdido se ha formado alrededor, qué perdido estoy sin su voz que dé rumbo a la gélida realidad.

Y la sombra me abraza,  y yo esperando algún momento para escapar.

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