Todas las noches que canta tu silencio

Todas las noches que canta tu silencio,
que tus brazos de arena se alejan con el viento,
que la delicada muerte se acerca un poco más.

Repliegue de intenciones que contrastan a lo cierto,
canciones secretas que olvidamos convidar.

Mis pasos pequeños,
diminutos gigantes,
solos y constantes,
se mantienen al rumbo perdido;
se encuentran con ellos mismos,
al inicio del andar,
al tiempo olvidado,
extraviado de cuanto hay.

Todas las soledades se juntan,
se cautivan unas con otras,
se enamoran unas a más,
juntas se quedan,
todas me habitan,
todas me abrazan.

A mi memoria va y viene,
el momento que a tu burla fui desahogo,
palabras desbocadas,
inventos bélicos,
hombre acabado sin respeto.

Tu furia contenida,
dirigida,
pensada de tiempo atrás,
certera,
afortunada,
gratuita,
invasora,
de hurto a mi tiempo,
perteneciente a tus mentiras,
falta de verdad.

Ahora el silencio…
el pensar, aceptar, correr a donde no queda,
mantenerme a la calma completa del íntimo holocausto,
tú y yo muertos al fin.
Sin fin los cuerpos yacen para ser velados,
recordados,
quemados por si vida en ellos hay,
tan acabados,
agotados,
exhaustos en su palabra final,
tristeza mutua,
recuerdo que no termina,
que no piensa terminar.

Todos los cantos de mi pluma,
todas tus intenciones de silencio fallidas al momento,
de una llegada casi segura.

Fallezcamos juntos,
derrumbados y orgullosos al sabernos así,
evitando irrumpir el delgado silencio.

Todos los pesares,
todos los amaneceres,
todos los fríos,
todas las preguntas.