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Los escritos de Fernando Benavides

Temor

El mundo anda, con todo y lo que no hacemos;
se mueve, el mundo, allá afuera.

El mundo sigue,
de día,
en las noches,
en lo que hago,
en lo que temo.

Funciona sin mi, sin ti, sin nosotros juntos.
Sigue moviéndose lento cuando me quedo en casa,
asustado por lo que viene, por lo que pienso, por lo que deja sin palabra.

Aquí, en el espacio de la cama, el mundo se hace más pequeño, no mide más de dos metros, y no lo puedo controlar; se me viene encima con todo el dolor del pequeño mundo, con TODO su temor, con toda la oscuridad de su noche, su aire insuficiente, sus ruidos monstruosos, su dominio del terror.

Aquí no hay luz y el sueño se ausenta. Me deja agotado, me recorre la piel con dudas y yo me quedo quieto, sin ganas de estar con los días, sin ánimo ni pena, pero sí con miedo.

Afuera el mundo sigue, aún si yo no lo hiciera,
el mundo sigue, sin ti, sin mi, sin nosotros juntos.

Los días son el único temor que me da vivir, y no dejan de suceder.

Los dueños del aire

Hay hombres de casa que aún se sientan en las cornisas,
y comen los guisos de las mujeres,
al acecho de tardes perdidas.

En un domingo que carga la muerte de las rachas, las buenas y las malas.
Los domingos son como pequeños fines de año,
sin copas ni glamour, que comienzan y duran 7 días.

Hay hombres dueños del mundo, sin riqueza ni deberes.
Se sientan en un trono de cornisa y mandan al viento andar
y al sol tras los montes poblados.

Aquí no hay doncellas ni traiciones,
no se decapita en la alcoba ni hay rebeliones;
hay hombres serenos, dueños de todo,
que comen los guisos y mueren tranquilos.

2013-09-01 18.09.35

Muchas piezas

La vida trata de muchas piezas:
los que nos consumimos lentamente viendo el amor de ayer;
los que se pasean en la playa con una carriola,
y el anciano con andadera que no sabe qué hacer.

La niña con aún pequeñas tetas y esperanzas reducidas,
las mentiras corriendo entre nosotros,
los gritos desesperados de la gente que quiere ganar unos pesos y sentirse mejor;
no mucho.

Las decisiones y las paredes azules,
los descansos, la sombra,
el día arañado por la tarde,
las ruedas que han de llevarnos a ninguna parte,
o no muy lejos de aquí;
las estrellas de cine que parecen felices,
y las personas que lo son pero no lo saben.

La vida trata de muchas piezas
y de todos los poemas inconclusos.

En el hipódromo

Aquí los caballos,
la suerte,
el tiempo descalificado,
los perdedores verdaderos,
los que siempre tienen esperanza,
las bocas desiertas,
los ojos forzados hacía la línea de salida,
la soledad real,
la compañera fiel,
pulcra y puta;
la maldita mala suerte compartida entre los que asistimos,
los falsos hombres que no durarán,
o los falsos que regresamos,
menos falsos entonces,
aún perdedores con fuerza.

El programa tiene a los jinetes impresos,
no a los jugadores,
esos cambiamos,
o seguimos siendo los mismos.

Vaya tiempo el que ha pasado;
vaya tiempo el que hace el caballo corriendo,
llegan a la meta…
he perdido de nuevo.

Malos sustitutos

Las sábanas como mal sustituto de tus brazos,
mi silencio como pésimo sustituto de tu silencio,
las esquinas vacías,
los despertares tranquilos,
el mar que se quedará esperando.

El aire frío que insistente no embatirémos,
y los ensueños no se compartirán formando un puente sobre nuestras cabezas.

Los brazos,
los pies torpes buscan sin respuesta.
Este aire es mucho para mi.

La libertad no es mas que una gran soledad,
y la noche un recuerdo que no termina de pasar.

Caer de tanto

Sirve abandonarse y dejarse caer cada tanto,
empezar a creer que tal es el estado natural que merece tu peso,
tu gravedad.

Caer y ver las paredes de nada,
el sonido sordo,
caminar por el piso de aire,
mover lentamente los brazos,
mirarse las manos,
los dedos,
voltear la palma,
mirar las uñas y desgarrar el viento;
sin ruido voltear y no ver mas que el negro de la caída,
el luto de alrededor,
escalar lentamente con destino hacia abajo,
o lo que haya al final.

Ahora me dirijo hacía ahí,
en la suave caída,
que entrega la desesperación.