Los primeros ruidos del día

por fernandobenavides

Me dan miedo los primeros ruidos que emergen de la nada anunciando el día,
cuando en la noche todo se está quieto y los sonidos son distintos,
las corrientes de aire se hacen heladas, trabajosas no doblan en las esquinas,
luego hay pocas personas despiertas y muchas perdidas.

Cuando en la noche no se escucha mas que nada,
y las bisagras son reinas, y el silencio rey.
El tiempo no atosiga, no muerde,
pasa todo a ritmo pausado, sin tanta gente.

Pero de pronto empiezan a salir ruidos, avanzada la noche,
cuando han pasado horas y horas de tranquilidad,
es cuando empiezan los primeros ruidos del día,
toda la paz se colapsa, se truena en instantes claros,
con ruidos cotidianos,
malditos y cotidianos.

Lo primero es el primer motor de un camión que ha comenzado su día en la madrugada,
rompen los escapes y acelera su marcha, se escucha a la distancia; tras de él lo siguen de cerca uno y luego cien automóviles más.
La noche se ha roto ya.

Entonces algunos otros sonidos se despiertan después de ese, comienzan a jalar de las cobijas a las nubes, y al otro lado de las montañas el sol ya viene, catastrófico, retumbante de calor.

Uno aún tiene la piel abierta por la ausencia de calidez,
y sigue tranquilo hasta escuchar esos ruidos.
Se empiezan a quebrar los cielos, atruena un avión,
la motocicleta pasa frente a tu casa, el pobre desdichado que la conduce va al matadero,
y el pájaro del Apocalipsis anunciando que el día empieza a morir desde el amanecer.

Entonces todos se dejan caer, los ruidos,
como si hubieran estado tras la colina y alguno de ellos fuera el clarín que anuncia la guerra,
se abalanzan uno sobre otro hasta escuchar a la señora caminar con el hijo rumbo a la escuela, lo regaña y lo apura, y el niño responde con sus cortos pasos, acaso apresurándolos un poco más; tras de ella otros y otros más, no dejan de sonar, uno tras otro, carro tras auto, desgracia por desgracia, hasta que el señor grita “Basura”, toca las puertas y el día, -desgracia- empezó ya.

Ahora habrá que salir con todos, con los que más tarde se despiertan y se amontonan uno, y otro tras otro.

Platican, ríen, gritan, se mueven y hieren, van a hacer toda clase de ruidos con sus cuerpos, pesados y torpes. No son delicados como las sábanas, ni la piel está en armonía como la de los amantes al hacerse el amor.

Todo el barullo,
la bolsa llena de pequeños caos,
la guerra en Siria, la pobreza en Oaxaca,
todo lo que hay de malo en el mundo viene acompañado de sus primeros ruidos,
y los primeros ruidos, los más horripilantes, comienzan con el día.