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Los escritos de Fernando Benavides

Amor verdadero

Tú, mi amor, no sabes cuánto te has llevado de mi, cuánto te he cedido, cuánto te he regalado… cuánto te he regalado.

Pero siempre recordaré lo poco que tenía, que para ti fue suficiente, y cómo lo resguardaste en tu corazón, en tus manos pequeñas, entre tus piernas.

Ven a mi, cielo de mi recuerdo, abrazo que sigue, amor verdadero.

Cuando en los días me pierda, y me encuentre en la tierra y la bese, recordaré que te tuve, que anduvimos un tiempo, que fuiste mi océano y que en ti me ahogué y de ti me rescataste.

Tú, mi palabra oculta, mis celos, mis pulmones.

No recordarás cuándo nos conocimos, porque me dabas la espalda, y ahí me enamoré de ti, y te cuidé todo lo que pude, pero no pude más.

Yo te llamaré mi amor y no me escucharás, ni quiero que lo hagas, para que siempre te mantengas tan alejada que pueda tocarte.

No me escuches más, ni me escuches mucho, haz como si fuera el árbol roto, el silencio que choca a tu ventana, el olvido del día.

Tú estarás desesperada en mis montañas, te esconderás para que no pueda encontrarte y siempre buscarte.

Ven amor mío, quédate lejos para poder tocarte, vete más allá para que te recuerde y sepa que eres amor verdadero y te diga, sin que escuches, todas las declaraciones que nunca dije, y no me atrevería a decirte de otra manera.

Encontrar

A veces, cuando cierro los ojos, nada ha pasado y todo sigue igual, igual a cuando estaba bien, o al menos cuando no iba en caída libre, directo a la mierda, o a la seda de los días.

Se me ha ido lo salvaje de las ideas, no puedo mas que pensar en lo bien que estaría caer del todo, pero no puedo, no me decido a terminar todo, ni me gusta que todo siga igual.

Aquí en la caída no hay nada nuevo, no hay eco de los deseos que hace tiempo desee, ni aire que dure mucho. Las palabras que tengo son las mismas, no he descubierto el lenguaje que buscaba y he quemado el roído mapa en el que recargaba la poca fe que tuve desde que comencé a creer, hace tiempo.

Los caminos son limitados, lo oscuro dejó de ser y ahora es gris, no hay pared enfrente mío, no hay calor, no hay dudas, no hay preguntas; claro, las respuestas se han ido comiendo unas a otras y la que queda está comiendo su cola, casi llega al final.

No me entretengo en ratos, ni la miseria me es suficiente, esa que tanto tenía.

Mi último amor fue grande, y amé hasta no querer.

Luego busco algo bajo la noche y en el día me apena no haberlo encontrado, no es posible leer así, sin buenos ojos, sin encontrar entre las líneas, más allá del alcohol… los ojos se empiezan a atrofiar, los oídos no escuchan de dónde vengo, y ya dejé de extrañar lo que antes era, entonces no tengo dónde regresar.

Todo es poco.

Extraño esperar, extraño perder o anhelar, que es lo mismo, con una pequeña acción al medio de la falda.

No quiero a nadie, no cambio nada, escucho diminutos susurros y me quedo con ellos.

Nadie va en medio de la calle y he dejado de frecuentarla, pero espero, algún día, tener tiempo suficiente para perderme de nuevo, y encontrarme.