Blog

Los escritos de Fernando Benavides

Redes

Ellos, afuera, están buscando a alguien y hacer una bonita pareja.

Se forman en la calle, larga, eterna, llena de aire.

Se buscan y se llaman, se dicen a cada momento que hacen linda mancuerna de amor, que podrían hacerla mejor, pueden ser más y no quieren ser menos. Recaemos en lágrimas contenidas, en esfuerzos al sonreír.

Y somos todo soledad, sueños interrumpidos. La música de otra época nos recuerda que antes estuvimos solos, o acompañados y lo perdimos todo. Somos intentos de nuevo o cínico cansancio.

Así, somos la grieta de la tierra y somos los países que queremos visitar, escuchamos frases y pláticas de bestialidad en nuestra cabeza y no salen de ahí, mueren en cripta las buenas respuestas.

Ahora nos paramos en un arroyo de gente, nos hundimos en las ilusiones que tenemos, se hace de noche y nos abrazamos a la espalda, afuera caen las redes y logramos escapar, seguimos así, hasta cansar de nuevo a la soledad.

La soledad de la mañana

El sol se asoma, solo, mirando lo que hay alrededor, se asoma por donde entra la luz hasta llegar a la cama donde te encuentras solo, o con alguien, que también está solo, como el aire que es uno, que es grande y siempre está, igual, solo.

En el tiempo cada segundo muere a cada segundo en soledad, con la esperanza de que volverá a nacer al siguiente minuto; no para todos.

La soledad que da estar soñando acompañado de nuestros deseos, despertando con nuestra realidad, solos, todos, por siempre.

Nos creeremos acompañados, platicaremos y buscaremos a alguien en quien arropar la espalda con espalda. Pero seremos para siempre verdad, y en lo innegable está lo natural de nuestra desesperación, los pasos que cada día nos acercan más al recoveco de la muerte y la ida, como la llegada, en soledad.

Las mañanas nos tienen contra la pared, sin poder escapar de ellas hasta el último día de nuestras vidas, nos mantiene cercados por el canto de cualquier ave, taladrando los párpados para abrirlos. Las mañanas nos quieren hacer saber que estamos solos y que necesitamos engañarnos rápidamente, para no caer en la tristeza y llegar alegres a la noche.