Esconde tu poesía

Entre más escondida esté tu poesía, más fuerte será,
yo no lo sabía, hijo, pero así es.

Yo quería que todo aquello que escribía se imprimiera, ir a lecturas de mis poemas y ser reconocido, como si pudiera besarme a mi mismo, o seducirme y beber la poca vida de lo que me rodeaba, pero no es así, porque entre más ignorado seas, mejor te puedes escuchar. Después tendrás que hacer grandes esfuerzos para concentrarte, no como ahora, que puedo escribir poesía a las 10 de la mañana, o puedo distraerme leyendo; así –leyendo– también haces mejor poesía.

No sé si mi poesía es buena, si mis cuentos son buenos, si mis novelas son buenas, pero no tienen que serlo, tienen que calmar la desesperación, y los demás no tienen que entenderlas del todo. Estoy solo con mi perro, que es un buen perro, y con mi soledad, que siempre ha sido buena soledad.

Entre más escondida esté tu poesía, mejor será, no quieras que la lean muchos, con que una persona la lea es suficiente, o si nadie la lee, mejor; se mantiene virgen. Las vírgenes son pocas y son buenas, aún tienen inocencia y mucha honestidad, su calor es honesto y es desconocido.

Lo que escribo quizá no sea bueno, ni decente, pero es mejor a lo que escribía cuando quería que me publicaran, cuando deseaba dar el paso para adelante, que en realidad, es un grillete para atrás.

Mantén tu poesía oculta, para que puedas seguir haciendo algo decente, quizá después nos encontremos en un bar, bebiendo cerveza, observando todo y nos reconozcamos, nos diremos buenos escritores, aunque sólo tú y yo, hijo, lo sepamos; y brindaremos porque habremos encontrado, al fin, a un buen escritor tras el espejo de la cantina.