Perdido

Mantenerse perdido es la única forma coherente de aferrarse al camino,
cruzando con perros que mueven la cola al día y se esconden bajo los automoviles al ver la nieve azul caer.

Yo me regocijo en la pérdida, en la desesperación y el aparente control,
mi paso es el tropiezo,
y olvido bien para bien llenar los pulmones de cansancio.
Más nos vale seguir intentando, son nuestros pequeños placeres,
en diminutos segundos,
pequeños,
mirar el vientre plano de una blanca mujer,
el hueso de la cadera marcando la flecha de huida.
Hay que mantenerse cerca de la salida para entrar al primer temblor.

Mantenerse callado es la única forma de decir algo,
balbuceando a la noche que cobija a los amantes y se burla de nosotros, los animales perdidos de Dios.

Yo me quedo en la barda, viendo a la vecina cerrar su cortina,
cierra su vida un poco y no vuelve a salir.
La tierra de Santiago niega el paso a la piel firme de su camino,
y las suaves caderas de Maria nos dejan borrachos de saber,
ella cubre su boca para no hablar ni responder,
a las preguntas que mi mano escribe saliendo de sus piernas hasta su palma.

Mantenerse perdido es la única forma de salir,
aspirar el olor del pasto
y rasparse con las uñas de una mujer
llegar una y otra vez a su rechazo,
e imitar a los perros que ven la nieve caer.