Soledad de la mañana

Soledad de la mañana, que es la peor de las soledades, cuando el día comienza desnudo, nuevo y con gritos de recién nacido, y tú te encuentras solo, con abrazos discontinuos, o no más abrazos, que es mejor pero más triste.

La soledad de la mañana con el sol dando a los ojos cerrados y no puedes engañar el sueño mas, y tienes que despertar, sientes el frío en la espalda, en los dedos del pié derecho y en la sangre que llegará a tu corazón.

Las sabanas se hacen olas por el sueño que olvidaste… has olvidado soñar.

No hay sonrisas alrededor, no hay planes que seguir, no hay café caliente y ha desaparecido el whisky con el que antes despertaba en la mesa de al lado, el primer desayuno por la mañana con el mar rugiendo a la distancia.

La soledad completa es cuando uno comienza el día con ella, no la que llega de sorpresa en la noche. Por la noche todos estamos solos, aunque hayamos conseguido compañía.

La luz entra por imposición de Dios, de no ser así pensaría su camino y no llegaría, pero llega; aquí está.

La mirada se posa en el techo, que es un cielo corto y duro, también inalcanzable, y uno está solo, sin navidades ni otoños, sin corteza para el té ni mascabado para la muerte de lo poco logrado.

Aquí hay soledad de la mañana, todos guardan silencio, pronto dejarán de hacerlo y pareceremos acompañados. Aquí está la soledad de mañana, que es la peor de las soledades.