Una cita que nunca llegó

Un día conocí a una chica,
y parecía tenerlo todo
¿sabes a lo que me refiero?
la plática,
la música,
los silencios,
y la cara,
también tenía la angustia
que es importante;
parecía tenerlo todo
(quizá también tendría lindas piernas).
Acordamos encontrarnos,
y planeamos escuchar música vieja.

Entonces llegó el día
y nos decíamos Ya casi es hora.
Yo pensaba que sería una buena chica,
tal vez demasiado buena,
con oscuridad respetable en sus ojos, que sólo imaginaba,
y una tranquilidad amenazadora.

Llegué al lugar y me serví una bebida,
y luego otra,
minutos antes ella había dicho que llegaría,
era un acuerdo mutuo de confianza,
como los que nos hace humanos a los humanos,
y tomé otra bebida
y ella no llegaba.
Le marqué para preguntar si vendría
y contestó que no,
pero asomaba burla en su respuesta,
hasta cierto placer,
cierta alevosía,
y con la misma tranquilidad me dijo Toma una por mi
y escucha a Leonard Cohen,
y yo supe que la humanidad se estaba acabando,
que estábamos destruyendo más rápido
de lo que construimos.

Me preguntaba por qué dijo que iba a ir,
por qué nunca dijo que no iba a ocurrir,
y me preguntaba por qué se mantuvo tranquila todo ese tiempo,
o por qué continuó burlándose al responder,
o por qué dijo que tomara más alcohol (cosa que hice)
o que bailara con su ausencia.

Entonces no me quedó más que sonreír,
porque no era la chica,
y en realidad no tenía la plática,
ni la música,
ni la cara,
ni siquiera tenía los silencios;
y regresé a casa
y supe que la humanidad pronto se iba a acabar,
y mantuve esa sonrisa dulzona durante el camino,
pero por dentro me sentía engañado.