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Los escritos de Fernando Benavides

El tiempo a las 3 de la mañana

Pareciera que el tiempo se detuvo
a las tres de la mañana,
y fue hermoso,
se escuchaba al mundo
sostener el aliento,
y no valía la pena recordar
ni sentir,
pues ese era un nuevo sentir
y un nuevo recordar.

Afuera el viento se detuvo,
y el roce de las hojas con las hojas también.
No pude pensar en alguien junto a mi
y eso es triste
y es hermoso,
pero también es cierto,
y hay que reconocer el momento
de cuando el tiempo se detiene
y te abraza con un abrazo extraño,
como si quisiera decirte algo
como si se sintiera cansado
como si él estuviera solo
y solo me encontrara,
como si quisera detenerse
y lo hiciera a las 3 de la mañana.

Dejar

«He dejado todas las cosas que amo,
quizá porque me amo más a mi mismo,
o porque sólo sé dejar»

Enferma

La gente se enferma,
con el frío se enferma,
se enferma con los desaires
de su único amor,
y creen merecer ese único amor,
o ese abandono.

La gente se vuelve a enfermar
si están solos,
o si arrojan sus cosas a la calle en un 24 de diciembre.
Una vez vi a una señora
con todas sus cosas a mitad de la calle,
la habían sacado sus hijos
y ella lloraba desconsolada,
porque no entendía y era navidad,
una navidad fría,
particularmente fría;
no la volví a ver;
yo hubiera muerto,
pero las mujeres son más fuertes
aunque se enfermen de abandono
y se curen en las iglesias,
encontrándose con dios,
que es como encontrarse con nada
y abandonarse más,
hasta la muerte de los sirios
que sin sentido alumbran a los marchitos.

La gente se enferma
y no ven las nubes en la noche,
ni sienten pisar su pisada
en un lugar donde la gente
no deja de enfermar.