4 años después

por fernandobenavides

Volví a ver a Isabel 4 años después, seguía con ese rostro de muñeca inocente y el pelo caía más allá de su espalda. Había pasado bastante tiempo.

La vi y la abracé, sentí su cintura y recordé el aroma cercano a su cuello, era como si apenas hubieran pasado un par de semanas y nunca la hubiera abandonado. Quedamos en vernos para platicar; ella sonreía, aunque no tanto como antes. Hacía poco más de un año había fallecido su padre y su hermano murió poco después. Isabel, cómo dije, no sonreía tanto.

Platicamos y tomamos cerveza, el bar estaba vacío así que no tardaban mucho en traer la bebida, una y otra más; también reímos; me gustaba cuando Isabel reía, y yo la hacía reír. Yo aún seguía siendo una especie de monstruo, ahora incluso menos sensible, aunque también entendía mejor el dolor; quizá es lo que pasa con la edad.

A veces volteaba a ver el rostro de Isabel con el cristal del tarro de por medio y podía reconocer aquella simpleza de nuevo, aquellos ojos que gustaban de creer, hace muchos años.

Esa fue una buena salida, como escapando de nuestros pesares. Ella me hacía el favor de no recordar mucho lo hijo de puta que soy y yo me mantenía pensando en todo lo que había pasado desde entonces, todos los lugares en los que me había metido y las mujeres que me habían destrozado, porque ese pensamiento seguía intacto: el entregarse a las mujeres hasta que te destrocen, aunque no lo quieras, aunque sólo lo desees.

Me hubiera gustado vivir ese encuentro por más días, también me hubiera gustado no abandonar a Isabel tiempo atrás, pero qué se le va a hacer, si sólo se recuerda el abandonar y ser abandonado.

Cuando nos despedimos sentí que algo se había arreglado, aunque no había podido traer de regreso a los muertos y eso me pesaba; tampoco pude rescatar el tiempo perdido. Había pasado mucho tiempo.

Al terminar me dijo que le había dado gusto verme, que ahora sabía que ella no era la única que había sufrido pérdidas, que el mundo estaba siendo castigado de forma pareja; hasta entonces me di cuenta que ella estaba buscando su sonrisa, y que yo estaba acabado.