Aridiohead

Cada que escucho a Radiohead recuerdo a Ariadna.

Aquel viaje de relación tuvo un sin fin de rumbos y tomamos todas las direcciones que pudimos, incluso algunas ciegas y otras por amor, unas más por necios y disfrutar serlo.

Ella era una mujer que sabía perderse, por eso la amaba y por eso la veía a la distancia y me aferraba a su sombra, que era profunda y negra como sus ojos; por eso la sembré con el mismo amor con el que la tendré siempre.

Nunca veré a alguien más llorar como lo hacía ella, pues ella lloraba como si el destino se hiciera añicos y nadie lo supiera; quizá era cierto, quizá no lo vi; aquella eternidad de lagrimas me hizo pensar que algunas personas sienten el abismo sin poder hablar mas que con desesperación. Ella hablaba por el mundo.

También era alegría, Ariadna daba al mundo una razón de ser, porque sabía perderse y sabía encontrarse; sabía cuestionarse, que es la forma más sincera de amarse como persona.

Me gustaba perderme en su forma de ser; sólo que una vez que me perdí ya no pude salir de ella; dejé una parte de mi en sus entrañas, en su intento, en su piel y su esperanza, y ahí se quedará, después, claro, huí.

Ahora lo veo y me doy cuenta que su laberinto era hermoso, que se ha perdido en sí misma, pues ella es el camino en el que puedes andar hasta el amanecer.

Ariadna tenía una bella sonrisa,
Ariadna se atrevía,
Ariadna ha andado más lejos que todos,
Ariadna logró llegar,
Ariadna se desesperaba y no había velocidad suficiente para sus preguntas.

Ella nunca creyó en mi, por eso todo terminó a las 2 de la mañana y me adentré en una oscuridad que no era la suya y comencé a nadar en lo profundo, lejos de la montaña. Sin embargo recuerdo todo como si su sonrisa hubiera sido una extensión de mi, sus lágrimas y sus sueños; como si cada logro hubiera sido una hoja bien escrita y bien colocada, como si cada beso hubiera sido necesario; quizá así fue, quizá incluso el final fue hermoso.

Cada que escucho a Radiohead recuerdo a Ariadna, porque era así, perfecta en su complicación, y nadie podrá ser como ella: Única.

A ella la veré de una forma distinta cuando la lluvia llegue, cuando las lagrimas rueden, cuando cierre los ojos y no pueda creer. Cuando todo eso pase recordaré a Ariadna, tan ella, que el miedo se acerque.

Ella bebió conmigo bastante whisky,
y cerveza,
y fumábamos y nos íbamos al sótano a escuchar vinilos,
nos perdíamos, pero juntos;
esa era la diferencia.

Ella tenía valor,
ella se enfrentó al mundo,
y un día no pude más,
tuve que dejarla porque la amaba,
y porque nadie
escuchaba a Radiohead como ella.