El momento más silencioso de la noche

Hay un momento,
en la noche,
que es más silencioso que los otros.

Antes del amanecer,
cuando todos los ruidos están lejos,
pero cerca a la vez.

No hay ausencia de sonido,
pero casi;
y ese momento se escucha,
paseando por aquí.

Dejan se sonar los automóviles,
y el avión de cada hora
acaba de pasar,
los zumbidos de los aparatos se callan,
el ruido del refrigerador se detiene,
y en la madera de los muebles
ocurre el último crujido
de la tanda de crujidos;
y la gente respira más quedo,
aunque por la noche respiren más fuerte.
El viento llega, frío, pero espera en la puerta,
y estamos lejos del bosque;
así que no hay grillos,
ni pájaros,
también los perros callan,
y la gente no lo sabe.

Hay un momento en la noche,
en que sólo las sábanas se escuchan,
y ya llegó el último borracho,
ya llegó a su cama y duerme.
Las mujeres se dedican a ellas mismas,
en la madrugada cuando descansan.

No hay niños cerca,
ni risas,
ni esperanzas,
todo se mantiene lo más cerca del silencio que puede,
aunque no mucho,
ni por mucho tiempo.

Algunos hombres despiertan,
y sin sonido piensan,
y se espantan;
se den cuenta que están solos,
que nada los acompaña,
que deben la renta
y que aún no han dejado nada bueno en la vida,
nada bueno.

El momento más silencioso de la noche termina
con el regreso del motor del refrigerador;
se queda cierta angustia,
y los sonidos comienzan a aparecer,
poco a poco,
hasta el siguiente paso del avión.