Yessi

por fernandobenavides

Hace ya tiempo quedé prendido de la chica más dulce que he conocido,
se llamaba Yessi y era bonita, dulce, y tenía mi estatura
(lo cual es bueno).

Yessi trabajaba en un Burger King
luego en una zapatería;
ella tenía trabajos así,
y tenía un lunar montado en su labio;
era blanca como una hoja de papel en la que quieres escribir un poema de amor decente saliente de tus manos ansiosas.

Ella era tan bonita…
y salimos,
salimos mucho,
demasiado, diría yo;
ella reía y me veía con esa mirada desesperada
que decía “Sácame de aquí”
y nos subíamos a mi viejo carro gris;
pero en realidad
nunca la saqué como a ella le hubiera gustado,
porque en ese entonces yo no entendía de miradas de auxilio,
sólo seguí saliendo con ella,
y ella siguió acompañándome a todos lados
mientras me mantenía enamorado
a los 20 años.

Después cambié de empleo
y dejamos de vernos;
pasado un tiempo la madre de Yessi marcó mi número,
dijo que fuera a verla a un restaurante,
y me pidió seguir saliendo con su hija,
pero no lo hice (entonces menos que antes);
sólo una vez,
en la que subimos al viejo automóvil
y nos fuimos un fin de semana,
bebimos y fumamos,
tal como su madre quería que Yessi no hiciera,
por ello me había buscado la señora,
para librar a su hija de esa costumbre,
y yo bebí con Yessi
para librarla de su madre.

Después dejé de ver definitivamente a Yessi,
a su piel blanca como hoja de papel en espera,
y a su lunar.

Pasaron los años y nunca supe de ella.
Alguna vez, en un estudio de grabación,
me pareció verla en un programa de televisión,
el programa era de chicas que gustan de chicas,
estaba en un bar,
la entrevistaban y sonreía, aun más hermosa que antes,
pero es probable que no fuera ella
y haya confundido su lunar con otro,
como tantos hay.

Perdí a Yessi por el resto de mi vida,
uno no supo del otro
y nos alejamos de manera definitiva.

Siempre estuve enamorado de Yessi,
de su hermoso cuerpo,
y su tierna voz,
de cómo caía el cabello negro a sus hombros,
de sus ojos despiertos,
y sus ganas de salir.

Esa era Yessi,
la mujer que conocí en un Burger King e invité a salir
por muchos años.

Nunca besé a Yessi,
y a veces,
como hoy,
la recuerdo.