Creía

Creía que sonaba
entre las piernas de una mujer,
tras la ropa,
bajo sus manos,
bajo su pecho;
aunque buscara sus ojos.

Creía que sonaba en el consentimiento,
el consentimiento mutuo,
y la depravación.

Creía que aquello aparecía con timbre de mujer,
o con silencio de mujer.
Con pasión y arrepentimiento,
con las sonrisas,
sobretodo con las sonrisas
y en la queja de la ruptura del brassiere.

Creía que sonaba cuando sólo una luz quedaba
para alcanzar a ver de dónde provenía.
Creía que sonaba dentro de su boca,
de sus dientes mordiendo sus labios
y sus ojos cerrados a las 3 de la mañana.

Creía que sonaba en cada cama
en cada sala
en cada colchón
en cada intento;
pero no,
no es así y cada vez suena menos.

Sigo buscando ese sonido que se ha perdido,
que antes pensaba estaba en cada mujer,
fuerte como la más grande campana
que anuncia la más grande guerra;
que quizá no exista
y busco por error.