Diferentes lluvias

Cuando vivía en la playa
lo que más me gustaba era que lloviera,
todos se metían y mantenían en sus casas
esperando a que saliera el sol,
como irremediablemente lo hacía,
y les permitiera regresar a la playa;
pero a mi no me gustaba estar ahí,
ni en el sol,
ni sudando a chorros;
me gustaba salir cuando llegaba esa lluvia torrencial
que es un poco de jungla
y un poco de mar.

Quizá me gustaba salir a la lluvia porque me recordaba la ciudad,
o porque me hacía conciente que no estaría ahí por mucho tiempo;
entonces pensaba en la historia de un hombre que sigue a la lluvia
y no vive en ningún lado,
buscando dónde cae el agua el cielo,
moviéndose de un lugar a otro,
siempre tras la lluvia,
hasta que llega a un país donde no deja de llover
y encuentra lo que tanto ha buscado.

Ahora recuerdo diferentes lluvias:
la lluvia de la playa,
cuando me metía al mar con Gretel en los brazos
y los dos veíamos el mar negro,
Cozumel al fondo,
y nos quedábamos viendo todo aquello
que sólo hacía ruido de mar,
y la lluvia dulce mojaba lo salado,
al tiempo regresábamos a la orilla
echándo a correr.

Recordaba la lluvia de la jungla,
cuando se escuchaban los monos aullar
en la cima de los árboles,
y las flores abrir
con las gotas en los tallos
y la tierra oscura y blanda.

En un tiempo,
lejos,
recordaré la lluvia de esta ciudad,
que se sostiene en gotas del barandal,
y se anuncia con relámpagos
que tardan diez segundos en llegar.

Algún día recordaré una y otra lluvia,
cuando llueva,
cuando empiece y deje de hacerlo
o quizá cuando la siga sin parar
y descubra lo que el hombre de la historia,
tanto se empeña en encontrar.