Ellas, mujeres

Mujeres,
están ahí,
ellas,
poniendo en duda nuestros acentos,
con su fresca piel,
intensa,
incitante;
se mueven con gracia tremenda,
y un escote que despierta.

Todas al caminar
muestran el camino que seguimos,
nosotros ciegos,
perdidos,
buscando el último rastro,
el último aroma,
la última sonrisa
que creímos dedicada.

Todas hermosas,
de todas te enamoras,
a todas les entregas la vida corta
de una calle a otra,
con suerte serán veinte días,
o la vida aventada.

Qué hacer con su cintura,
con el inicio de sus senos,
con las piernas que nos llevan a su suelo,
con la sonrisa de horizonte,
y su mano
guardada para cortas ocasiones.

Llega una, hermosa,
se va y viene otra,
todas desprecian
de una y otra manera,
eso las hace vivas,
reales,
hacen real cuando acaricias su espalda,
es real hacerlas reír;
a ellas les gusta reír.

Son la perdición,
se ha dicho antes,
lo digo ahora,
ellas indudablemente
o son un automóvil que se ha estrellado
o uno que va a gran velocidad;
son el peligro
y es todo lo que hay que saber.

Pero qué podemos hacer
sino subirnos a sus hombros
gigantes y delicados,
mirar a donde nos van a llevar,
a donde empieza el acantilado
en el que caeremos,
ella conmigo;
y no tendrá otro remedio
que mostrar la tranquilidad de sus piernas
y el infierno de sus caderas
a cambio de un beso
que le conceda
con la sinceridad que me quede.