Todo el arrepentimiento

Para los que están afuera,
todos,
esperando,
en las pequeñas prisiones
que son las relaciones
en las que caemos sin quererlo.
Todos somos esclavos.

Para los que saltan y se golpean
el hombro,
los talones,
los que tenemos el labio roto
y escuchamos una canción
una y otra vez.

Esto es para que sepamos
que vamos a morir,
todos,
desesperados,
pero no tan separados,
sólo que no lo sabremos a tiempo.

Para los que han escapado
y los que aún tenemos
un par de pendientes,
de grilletes,
de whiskys en fila;
para los que vamos a estar con los brazos forzados,
encadenados a la pared de un sanatorio,
esperando que nos prendan un cigarro
y lo pongan en nuestra boca,
una calada,
o dos,
descansar.

Los que necesitamos ayuda,
los que hacemos esto,
(lo que sea)
diario
lo mejor que podemos;
los que aún recordamos el primer plan,
el de ser revolucionarios
o al menos creer que lo somos.

Esto es para los que nos hemos olvidado,
unos a otros,
y no nos hemos felicitado por ello.

Por nosotros que hemos abandonado tanto
y a tantos,
y nadie nos lo ha reconocido,
porque hay que ser más valientes para abandonar el amor,
que para quedarse en él.

Esto es para que sepamos
que aún tenemos tiempo
para cometer más errores,
antes de comenzar a pensar
siquiera
en el arrepentimiento.