Qué saben del tabaco y los vagos recuerdos

La vida empieza a las 2 de la mañana,
con las raíces de lo que somos:
el tabaco quemando,
y tu whisky sudando el cristal;
uno tiene que aceptar qué es lo que te quema la lengua
y paladear el dolor.

El doctor lo ha dicho:
dejar el alcohol.
la carne,
el tabaco y la sal,
adecuarme a los tiempos sanos,
que son contrarios
a los hombres que no decimos la verdad
y escogemos vivir
180 años
trás el humo denso
de una bocanada
de recuerdos;
vagos recuerdos.

Siempre preferiré las enfermeras
a los doctores.
Los doctores son muerte anunciada,
las enfermeras son vida
y la necedad de seguir.

Últimamente
el dolor me ha atacado al corazón,
unos 4 golpes al día,
y apenas tengo 35,
dicen que es por los hábitos,
eso dice el doctor,
pero qué va a saber él
de las veces
que he aventado el músculo
a un campo minado
sin suerte.

El dolor se acerca
por razones ignoradas.

Quizá otros encuentren caminos diferentes
y corren 20 kilómetros por la mañana
y se sientan bien
comiendo lechuga.
Qué clase de hombre es
el que es mujer.

No se pueden abandonar los placeres del infierno,
si el cielo no ofrece algo mejor.

Quizá nos quede un último
otoño,
o 45 más,
pero a la chica rubia,
dormida en mi cama
mientras escribo esto
no le importa,
le importa que hoy esté con ella,
y llegue al final de éste apenas poema,
que es como una invitación
a morir con las equivocaciones
de alguien
que acepta que todo puede terminar
en cualquier momento,
todos los días.