Solo en el tren

Estamos atrapados en el tren,
un engaño más,
de la ciudad:
llegar a tiempo
nunca fue una promesa
que se quisiera cumplir.

No hay ninguna mujer
en el tren,
no en la vida.

Estamos viajando montados en la soledad
y nos hemos acostumbrado.

Hay dolores de cabeza
y poco arte
poco, real y verdadero arte.
Hemos sido engañados
por nuestras propias decisiones.

No hay mujeres,
ni esperanza en ellas.
Llegarán a su casa
y buscarán prender el televisor,
para olvidar
después de quince meses
la primera palabra que se dice al hacer el amor
y se olvidarán de ellas
en la ducha.

Somos una espera
sin fin
que no queremos olvidar.

Aquí estamos,
en el tren,
sin avanzar.