Bestias fuertes

Las épocas se van,
no regresan,
y las recordamos
porque están perdidas
en alguna parte de nuestra memoria;
si tenemos alguna.

Hubo un tiempo,
en que el invierno se sentía en los rieles del viejo tren
en el que viajaban personas sin dinero;
y se compartía el asiento con gallinas
y cerdos.

La gente era humilde;
gente pobre intentando llegar
a otro lugar,
donde pudieran descansar sus animales,
su íntima lengua,
sus rezos.

En el tren iba un tipo
al final del vagón;
regresando de un viaje,
usando bufanda negra,
y veía la tierra congelada,
y los vegetales muertos.

Uno nunca sabe cuándo terminará
una época
y comenzará otra;
puede que sólo cumplas un año mas,
y ya te haya olvidado
la mujer que más amaste
en esta vida
tan miserable,
llena de corazones.

Es probable que encuentres
a una bestia fuerte,
cómo tú,
y viajes con ella
hasta que te entierre,
o la entierres
y no la puedas negar.

Más nos vale
tener épocas diferentes,
y llegar a todos los lugares
a los que no pertenecemos,
e irnos rápido,
para recordar
toda la música
que no bailamos
y la poesía que se quedó
atrapada en el fin de año.