Al centro de la lluvia

Estaba al centro de una de esas noches que tanto había buscado,
con lluvia;
viniendo de días de lluvia,
heredando lluvia de otras noches más;
el constante repiqueteo del agua en las hojas de los árboles,
o en el cielo antes de caer.

Todo eso era tiempo detenido,
buen tiempo,
y hacía frío
entrando por las ranuras de las ventanas.

Todo era húmedo,
mojado,
violada la textura
por suaves gotas
o tempestivos chubascos.

No había dejado de llover
y,
prácticamente,
creímos que así había sido siempre.

Todos buscábamos el calor del sueño,
y los animales estaban junto a nosotros;
era una buena lluvia porque
sonreíamos por las tardes,
y sabíamos que eso
nos estaba trayendo algo bueno,
finalmente.

Las mañanas serían igualmente frías,
y el sol haría su mejor esfuerzo,
quizá sin lograrlo,
pero no importaba,
esa noche,
estaba en el centro de la lluvia
que tanto había buscado.