Así era todo aquello

Y así era
todo aquello,
lleno de momentos que no eran claros,
de cartas a responder sólo a medias,
de noches frías,
pero no tanto,
y miradas que se desviaban,
pero a veces se encontraban.

Todo aquello estaba lleno de recuerdos,
y a la mitad de mi vida
las cosas que habían pasado
tenían tanta importancia
como las que apenas ocurrían.

Todo lo teníamos resuelto
pero nada era cierto,
y eso daba miedo;
regresar al lodo aquel
del que no estábamos orgullosos
y en el que habíamos estado tanto tiempo,
en silencio
hasta el amanecer.

Eso,
el silencio,
era la única
cosa dulce
que nos daba todo.

Y yo intentaba comenzar de nuevo
con personas que no querían hacerlo;
hacer algo
con todo lo que tenía,
que quizá era muy poco
y no bastaba.

Así que aquellas noches
con aquella chica,
con aquella sonrisa,
y con aquellas grandes pestañas,
eran un respiro
antes de despertar
y comenzar de nuevo.

Entonces me levantaba
y veía el escritorio
con todas las hojas
de las historias que debía terminar,
o quizá no
quizá aquellas historias eran como la mía,
inconclusa,
y esperando.