Emboscada

Moriré de un ataque al corazón, la sangre Roldán tiene ese mal, mueren de dolores de corazón.

Estoy hecho con un corazón dispuesto que no aguantará un último ataque –sin llamar al doctor–, sin nada catastrófico o dramático, sólo una muerte más. El hígado tan ebrio como yo resistirá, y no me pasará nada por beber y estar en la noche buscando el frío; moriré de una emboscada al corazón, una que no espere… una traición, un abandono o una mentira, moriré de eso, de creer en alguien, y que esa persona no crea en mi, como ha sido continuamente, sólo que habrá una última ocasión y no podré ver cómo termina esta historia, regresaré al infierno donde pertenezco y le agradeceré a mi padre entre las brazas que me haya permitido estar tanto tiempo aquí; entonces reconoceré que la oscuridad de allá, no es diferente a la de aquí.

Tendré tiempo de sobra, eso me han prometido, tiempo de sobra para recordar cada cosa que he hecho. Yo, ahora, sólo quiero llevarme los recuerdos inconclusos de una mujer, una con la que he ido a lo más alto de la ciudad, pero no al fin del mundo, que es mi lugar.

Nadie se puede quedar con un hijo del diablo, y el hijo del diablo no puede quedarse con nadie; y es que aunque la gente sonría con ello una y otra vez, y crean que es recurso literario… que suena bien entre verbos y metáforas… yo soy una cría del diablo, un hijo del olvido con tiempo libre para andar por el mundo.

Por ello, ven, no puedo morir de manera común, necesito morir de una emboscada al corazón para que no tenga esperanza de escapar, y ese, bueno, ese será mi final.

Intento que mi último recuerdo valga la pena, que al menos, tenga un beso decente.

Está bien, en ese momento le diré a mi corazón que se detenga, y él, lentamente, dejará de caminar.