Teníamos las auroras boreales

Había mucho que hacer;
estaban los días amanecidos de lluvia
–hermosos–
el pasto mojado
las gotas en grandes hojas
escurriendo en precipitada desesperación,
las noches en carretera,
los caminos como serpientes
y las caminatas rumbo al desierto;
lo que sólo yo había imaginado que sucedería y que,
creía iba a ocurrir.

Las auroras boreales,
las ferias literarias,
otras cosas irrelevantes
y algunas otras que quizá nos hubieran dado
unos tantos miles de recuerdos…
buenos recuerdos.

Algunas discusiones.

Pero dejó de suceder
y el interés fue acabando
poco
a
poco.

Hasta que llegó el día
en que no quedó nada
y hubo que desarmar el plan.

Ignoro cuáles serían los momentos que ella tenía preparados
para mi,
para ella,
y juntos;
seguro tenía algunas buenas ideas
que se fueron
perdiendo como las mías.

Ya pasaron varios meses
y se irán acumulando más
y las intenciones comienzan a anochecer
de una manera elegante
y tremendamente solitaria
en el silencio de la felicidad.

Así que tengo de regreso,
bajo la almohada,
las auroras boreales,
las carreteras
y los desiertos
para mi.