No las hay

Quizá estemos todos
hundidos
en algún minuto del día
todos los dias,
sin poder encontrar
la única respuesta
que nos importa.

Tenemos gritos
en silencio
que no escucha
la única persona
que queremos que escuche
y que es
a la que no le importamos
ni le importaremos
aún cuando caiga el mundo,
o su mundo,
o el de todos
hasta el olvido.

Tenemos esta desesperación
llena de vida
que carcome entre la cruda piel
y entre lo que no sabemos hacer.

Y tenemos, claro, imágenes
y lugares
y sonidos
que nos anclan a días muertos
en los que alguna vez
fuimos felices.

Sin el amor frustrado
nos movemos con claridad
por el mundo,
y cegados
entre la espalda y el pecho.

Hay pocas historias
con buenos finales,
realmente pocas,
pero las hay,
sin embargo somos demasiados
y ya no hay a quien amar.