El barco suicida que era su cuerpo

Tuve que saltar del barco suicida que era su cuerpo,
porque la vida me iba en ello,
porque el frío era tan intenso como el calor,
porque era tan peligroso como adictivo
y era hermoso
y doloroso.

Todo en ella eran huracanes y
la espera de un nuevo desastre;
un temblor que termina con todo
y te deja un poco vivo
para continuar de nuevo.

Tuve que deshacerme de todo lo que era,
que era poco
pero era lo que tenía
y aun así
no hubo momento alguno
que tuviera piedad
o consideración.

Tuve que alejarme para poder escribir esto,
para poder escribir un poco
y poder continuar.

Por supuesto que todo eso es una lástima,
una muestra de crueldad,
de poca humanidad,
de cierto afán de destruir
sin voltear atrás.

Ahora que lo recuerdo
y recuerdo el fuego entre los dos,
íntimo,
el que no se puede controlar con el pensamiento,
ni con las ganas de libertad;
ahora que recuerdo cascadas espontáneas,
incontrolables y contínuas,
y las luces de los automóviles en el bosque,
y lagos callados en la oscuridad;
ahora que recuerdo todo eso
me doy cuenta
que la vida es un eterno
morir
y no arrepentirse,
y morir de nuevo.

Tuve que saltar del barco suicida que era su cuerpo.