Viento muerto

Ella no me amaba,
no me quería,
pero tampoco se quería ella misma;
se hacía daño,
ese daño que con los años
no te hace más fuerte
sino más débil
y no quieres recordar.

Así que no me amaba
así que no me quería
aunque ella dijo que sí,
aquello del querer,
no del amar;
pero el tiempo me dio la razón.
Ella no me quería.

Yo le entregué mi alma catapultada hacia el infierno
y ella no tuvo consideración
ni cariño
ni odio.
Ella no tenía nada para mi,
yo hubiera preferido su odio
pero no había.
Ella no me amaba
ni me quería
ni me odiaba

Yo me dejé arrollar por ella
y ella cruzó sobre mi
sin darse cuenta,
y cuando volví a vivir
ella no estaba
porque en realidad
nunca estuvo.

Se fue con su amor
con su cariño
y con su odio intacto.

A veces uno
estando vivo
es viento muerto.