Un viejo que dejó todo

Solía estar
por una y otra causa en las delegaciones,
con presos,
ladrones,
estafadores,
violadores
y muertos.

Llegaban siempre,
todos,
incluso los muertos,
por diferentes causas:
por bala,
cuchillo,
accidentes
y algunos eran comidos por las ratas
antes que la policia
llegara por ellos.

Un día llevaron a un señor
de edad avanzada
que había sido atropellado,
y hasta ahí había llegado su vida,
y su vida de pobreza.

Por la noche llegó una anciana
a reconocer el cuerpo.
–Si, dijo –es mi esposo.

La anciana tenía la miseria en las manos trabajadas
y la tristeza en el rostro,
quizá algo de angustia,
pero con el semblante lleno de arrugas,
no se veían
todas las emociones.

Cuando le dieron las pertenencias de su marido
le entregaron unas llaves,
una revista,
algunas monedas y
400 pesos en billetes arrugados;
más dinero
del que ella había visto
en mucho tiempo.

El viejo murió
dejando todo.