El mundo se ha alejado

La noche me llega al estómago
y la soledad al corazón;
los temores me aprietan
entre las sabanas y
la desesperación.

Cuando pienso
haber logrado algo,
el momento
se deshace
dejándome con nada.

Camino a tientas en la oscuridad,
–densa–
y han muerto
los amigos
que me podían guiar.

Soy un desertor de la alegría,
y cada vez temo más
a la madrugada
y a la realidad.

Las voces que escucho,
el tintineo de las copas,
la risas vulgares del alcohol;
cada vez rehuso más
vivir entre la humanidad.

Hay muy pocas personas
en quien pueda confiar,
y lo único constante
es la aprensión.

Este mundo
se ha vuelto
un lugar
inhabitable.