Madrugadas desperdiciadas

He perdido el rumbo
de la inmortalidad
entre mis manos;
renegando lo simple
y desperdiciando
madrugadas.

He dejado de lado
los susurros del río,
y abandonado
con libertad
mi desesperación.

Soy una cobardía
cada vez más madura;
la sombra
que huye del fuego
en medio de la noche.

Ya no me protejo de la muerte,
pero tampoco duermo con ella
ni le doy de beber;

hace tiempo
sufro de vida.

hace tiempo
no tomo en serio
la locura,
ni respeto
la humillación
que llegó
con tanta delicadeza.

Soy un hombre en medio de la nada,
sin tiempo,
sin jardines,
que aún no se pierde del todo
ni se quiere encontrar.