Bromas de mal gusto.

Todo ha sido caótico hoy, pero no quiero hablar del por qué.

Solo sé que ayer por la mañana leí unas cuantas palabras que anunciaban que la realidad se había quebrado por la mitad y de ahí en adelante solo fue una sucesión de expresiones y dolencias que empezaron a llegar, por montones, como por mandato, en estampida y directo para hacer conciencia, una nueva.

No quiero hablar del por qué. Lo pensé, pensé que era algo que debía hacerme sentar y escribir hasta fatigarme, cansarme y hacerle honor, pero se me hizo que era lucrar con él, que tanto nos… no quiero hablar del por qué.

El día cambió su paso, todo sucedía muy lento, el miércoles respiraba pausado poniendo su vaho caliente sobre mi cuello y yo podía ver todo sin estar, con los ojos pelados y sin sentir, porque por más que lo intentaba, cada que pensaba que era lo correcto no podía, no podía sentir algo, me cayeron las horas, caminaba haciendo los arreglos y las palabras se iban acomodando, tropezando unas con otras y no dejaban de llegar ni yo dejaba de decirlas por pedazos, por no dejar, para que yo mismo viera que estaba ahí, poniendo de testigo los pocos asombros a intervalos que generaba.

Me golpearon las dos de la mañana del jueves y el tiempo parecía cansado de haber pasado lento y aun así no se apresuraba, yo seguía recordando años atrás, de cuando todo inició, de cuando todo empezó, hace tiempo, hace muchas sonrisas con todos, cuando empezamos todo sin saber dónde estaríamos hoy, por ejemplo yo lejos, ellos, los míos, en un palmo de metros abrazándose por lo que pasó, yo aquí con el pesar que no me deja descansar.

Ayer escuché las mejores intenciones dándome palmadas en la espalda de consuelo, provenían de propios y extraños, de muy cercanos y extraños que dejaban de serlo, como si yo hubiera perdido algo, no lo se, no se qué pasó porque sigo sin sentir, no se me ocurre nada, he ojeado un libro dedicado y todos los años que fueron han ido llegando de nuevo, pero creo que mañana va a ser un día normal y seguiré desperdiciando mi vida como lo he venido haciendo desde que cada uno de nosotros agarró un camino distinto. Yo me he quedado con un par de robles que me mantienen pegado a lo que pasa. Ayer uno de ellos me confirmó eso de lo que no quiero hablar, fue cuando el tiempo se rompió.

Mañana tomaré un avión para ver de qué hablan porque no lo creo, me voy con mis pasos a caminar por los pocos metros que se han desgastado con las pisadas de mis amigos entre ayer y su cansancio.

No lo se, a lo mejor me doy cuenta que en realidad sí pasó, pero aun tengo la esperanza de llegar y que todos me digan que fue una broma y me permitan regresar, entonces me molestaré con aquellos, con los que aun habló bien, pero podré estar tranquilo, el tiempo correrá normal, yo tendré los mismos recuerdos que aun respiran a la distancia y podré dormir en paz, ahora no, ahora estoy preparándome para cuando me digan de la broma y cómo lo prepararon todo tan detallado, esa mala broma que me están jugando.

No quiero hablar del por qué, en unas horas tomo un avión y sabré que mi mundo no se ha roto, que todos siguen ahí y que nadie falta. Esas bromas tan pesadas que me hacen mis amigos, cuando llegue les diré que es de pésimo gusto jugar con esas cosas, que con eso no se juega, ya les diré cuando llegue…