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Los escritos de Fernando Benavides

Categoría: musica

El cuerpo de las mujeres también era nuevo

Aquellos eran otros tiempos, con colores más penetrantes y carentes de aromas; era cuando el amor era nuevo, o no existía, y se imaginaba diferente a como es ahora.

Pero parecían buenos, los tiempos, lo que prometían, las piezas que nos entregaban adelantadas y la independencia, todo aquello que se mostraba maravilloso, y los senos de las mueres que aún no eran, pero comenzaban y todo, todo, quería ser vivido.

Era divertido. Queríamos ser como otras personas, ser más populares, las fiestas y las chicas y la cerveza en vasos de plástico. Era cuando el Tú y yo tenía un buen sentido, aunque no existía el Tú, sólo el yo, pero estaba bien, porque las posibilidades eran grandes y la música, la música valía la pena; las palabras no las usábamos como ahora, pero no importaba, vivir estaba bien.

No había soledad, o no demasiada, o quizá no la concebíamos así, sólo escuchábamos a los Smashing Pumpkins, y eran buenos, en verdad eran buenos, sorprendentes como varias cosas en esos días.

Luego todo habría de cambiar, desmoronárse;
pero de eso ya he escrito, demasiado incluso;
por eso ahora me refiero a cuando las cosas eran nuevas alrededor, y la gente se disparaba con una escopeta en la boca, como antes lo había hecho Hemingway y eso, incluso, también tuvo sentido, porque de alguna manera las cosas tienen que empezar a morir para recordarlas como los tiempos en que las construcciones cayeron y las guitarras seguían y seguirán; los libros iban ganando terreno poco a poco y podías comenzar a cometer tus propios errores; tan tuyos, tan míos, tan dolidos esos amores que te arrancaban el pecho de un tirón sin consideración alguna, y estaba bien, porque el cuerpo de las mujeres también era nuevo y lo recorrías como conduciendo ese automóvil sin saber hacer bien los cambios y los gemidos eran tan claros que rompían el aire, y eso, bueno, eso tuvo sentido.

Las amistades y los sabores, los primeros cigarros tenían sentido y desde entonces yo quería levantar al país en armas, o bien encontrar un lugar entre ruptura y ruptura y, fue tanto, que me quedé en medio de cada relación sin poder lograr algo; hasta ahora, que vivo en el espacio que da una noche antes de ser día.

Pelear estaba bien
conocer estaba bien
asombrarse era lo correcto
y cambiar cada par de minutos,
todo ello,
caminar por las calles
caminar con fuerza
desperdiciar oportunidades,
qué maravilla desperdiciarlas,
y qué lástima fue sobrevivir a todos esos tiempos,
ahora que no somos ni revolucionarios, y
terminamos
siendo camioneros,
jefes de la policia,
o dentistas;
y no nos estrellamos lo suficiente,
y seguimos vivos
y
dentro de poco
comenzaremos a morir todos
de manera natural,
sin mucho asombro,
todos,
hasta que quede sólo uno de nosotros y,
a ese alguien,
nadie lo entierre;
pero antes, claro, hubo buenos tiempos, cuando Dios nos habló
y nos dijo –Shhh, no hay nada que decir,
y nosotros, sólo estuvimos allí,
haciendo un buen ridículo de vida,
que ahora extrañamos tanto.

Una cita

Un día te pediré que me acompañes a comprar libros a Donceles y después vayamos a tomar una cerveza. Ésa será una cita.

Una vez en las librerías cada quien tomará un pasillo diferente, o bien estaremos en el mismo y buscaremos títulos, y no estaremos uno esperando al otro sino los dos perdidos en el mismo laberinto de estantes.

Si eso sucede, y vamos juntos, las cosas irán fluyendo. Después de la cerveza podremos ir a un concierto, me gustan los conciertos, pero lo más probable es que tengamos más ganas de empezar a leer que ir a otro lugar; de todas formas está bien.

Llegaremos a casa, a una casa, si es que la hay, o a un lugar donde podamos platicar las razones por las que compramos uno u otro libro. Hablaremos sobre Hemingway, Dostoyevsky, Burroughs y Bukowski, concederemos emoción al platicar, apenas natural.

Si seguimos saliendo escucharemos en los trayectos a Led Zeppelin, a los Rolling Stones o a Bowie y si hay que callar, callaremos; estaremos hablando de manera diferente.

No me pidas nunca que te acompañe a bailar, porque no lo haré, no hay un hombre decente que prefiera bailar a leer, si conoces alguno, huye de él.

Viajaremos a lugares cercanos y lejanos, viajaremos tanto como nos permita el dinero, pues para viajar se requiere dinero, pero no mucho o no todas las veces. Cuando se viaja no es para encerrarse en un hotel, sino para salir de él, y si quieres un buen hotel todo el tiempo, entonces busca un amante ejecutivo en espera de un acenso a Coordinador de área; yo nunca lo seré, para mi una cama está bien, una cama sencilla para descansar y sentir frío en el cuello y en las orejas al asomar la cara al aire de un lugar lejano, si has viajado sabes a lo que me refiero.

Encontraremos pretextos suficientes para terminar desnudos en la madrugada tantas veces como sea posible.

Yo te daré tiempo, mucho tiempo para que te tranquilices después de una discusión sin causa alguna. A veces la gente necesita discutir, pero darte tiempo no significa que acepte la discusión, ni que me guste; no me gusta. Si no podemos resolver una diferencia al tercer intento me marcharé, no hay nada que hacer si no se puede arreglar al tercer intento.

Podemos discutir de la vida.
Podemos discutir de música.
Podemos discutir sobre la mierda del mundo y podemos discutir sobre ropa, pero no usaré algo muy diferente a mi pantalón de mezclilla y playera negra. No usaré una camisa rosa, nunca. El tipo que usa una camisa rosa porque se ve bien es el mismo que te llevará a bailar, ese no soy yo.

Tienes que estar en desacuerdo con infinidad de cosas de este mundo, porque yo también lo estoy y no termino de entender lo que estamos haciendo aquí, así que podremos discutir de nuestros políticos de mierda una y otra vez, quizá levantar una revolución de dos o de un millón, pero también podemos estar tranquilos porque aún hay algunas pocas cosas hermosas en el mundo, y podemos decirlas y continuar.

Si en nuestras salidas tomamos cerveza, está bien.
Si en nuestras salidas tomamos whisky, está bien.
Si soportas que fume tabaco en pipa, soportaré que fumes cigarros mediocres.
Si en nuestras mañanas tomas café, está bien (pero yo no tomaré).
Si en nuestras salidas quieres estar triste o estar alegre, puedo estarlo contigo o proponer alguna alternativa.
Si quieres gritar al acantilado, está bien. Gritar es bueno.

Entonces quizá ahora te preguntes si vale la pena una cita conmigo, un hombre que no es guapo, ni alto, que no baila y desprecia la televisión comercial, que nunca va a ir a un antro donde te escogen para entrar ni va a tomar tequila ni mezcal, que es alérgico a los gatos y gusta de los perros, quizá consideres que no será una cita interesante, y quizá no lo sea, pero, a diferencia de otras citas que tendrás, puedes estar segura que yo, desde el principio, te dije la verdad.