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Los escritos de Fernando Benavides

Categoría: peliculas

Dejar ir

Hay que dejar ir
hay que dejarla ir
hay que dejarte ir porque…
en realidad
cuando vi que esto fue una expedición de uno,
y de uno nada más
pude ver la realidad…
me di cuenta que somos diferentes
y nunca tuvimos tantos recuerdos juntos,
ya que nunca estuviste,
ya que nunca te quisite quedar
y entonces,
bueno…
ahora ya dejo ir
a tus senos que he besado
a tus piernas que he tocado
a tu corazón que he amado.

Es hora de dejarte ir porque en realidad pertenecemos a mundos diferentes
y no pude llorarte,
quise,
pero solo tengo recuerdos míos donde, a veces, tan solo me acompañabas;
no te culpo,
pero te dejo ir;
y yo,
yo puedo estar tranquilo
hice todo lo que estuvo en mis manos,
no me quedó alguna idea en la mesa,
algún esfuerzo,
di todo,
y ahora estoy libre de nuevo,
con el camino del fin del mundo adelante
y todas las mañanas en las que he de despertar
en la búsqueda que me ha de llevar al fin de la selva,
esa a donde no quisiste ir,
de la que te platiqué y no quisiste siquiera averiguar,
ir hasta el aullido de la última bestia del planeta,
y a las noches estrelladas en la cima de todas las pirámides del mundo;
ahora estoy libre de nuevo,
sin sentimiento de culpa,
sin nada en la espalda,
sin alguien en quien pensar
y con los pies ligeros
que me han de llevar
hasta el destino desconocido
al que llegaré
con la mujer que quiera andar a mi lado,
y todo,
entonces,
tendrá sentido.

Una cita

Un día te pediré que me acompañes a comprar libros a Donceles y después vayamos a tomar una cerveza. Ésa será una cita.

Una vez en las librerías cada quien tomará un pasillo diferente, o bien estaremos en el mismo y buscaremos títulos, y no estaremos uno esperando al otro sino los dos perdidos en el mismo laberinto de estantes.

Si eso sucede, y vamos juntos, las cosas irán fluyendo. Después de la cerveza podremos ir a un concierto, me gustan los conciertos, pero lo más probable es que tengamos más ganas de empezar a leer que ir a otro lugar; de todas formas está bien.

Llegaremos a casa, a una casa, si es que la hay, o a un lugar donde podamos platicar las razones por las que compramos uno u otro libro. Hablaremos sobre Hemingway, Dostoyevsky, Burroughs y Bukowski, concederemos emoción al platicar, apenas natural.

Si seguimos saliendo escucharemos en los trayectos a Led Zeppelin, a los Rolling Stones o a Bowie y si hay que callar, callaremos; estaremos hablando de manera diferente.

No me pidas nunca que te acompañe a bailar, porque no lo haré, no hay un hombre decente que prefiera bailar a leer, si conoces alguno, huye de él.

Viajaremos a lugares cercanos y lejanos, viajaremos tanto como nos permita el dinero, pues para viajar se requiere dinero, pero no mucho o no todas las veces. Cuando se viaja no es para encerrarse en un hotel, sino para salir de él, y si quieres un buen hotel todo el tiempo, entonces busca un amante ejecutivo en espera de un acenso a Coordinador de área; yo nunca lo seré, para mi una cama está bien, una cama sencilla para descansar y sentir frío en el cuello y en las orejas al asomar la cara al aire de un lugar lejano, si has viajado sabes a lo que me refiero.

Encontraremos pretextos suficientes para terminar desnudos en la madrugada tantas veces como sea posible.

Yo te daré tiempo, mucho tiempo para que te tranquilices después de una discusión sin causa alguna. A veces la gente necesita discutir, pero darte tiempo no significa que acepte la discusión, ni que me guste; no me gusta. Si no podemos resolver una diferencia al tercer intento me marcharé, no hay nada que hacer si no se puede arreglar al tercer intento.

Podemos discutir de la vida.
Podemos discutir de música.
Podemos discutir sobre la mierda del mundo y podemos discutir sobre ropa, pero no usaré algo muy diferente a mi pantalón de mezclilla y playera negra. No usaré una camisa rosa, nunca. El tipo que usa una camisa rosa porque se ve bien es el mismo que te llevará a bailar, ese no soy yo.

Tienes que estar en desacuerdo con infinidad de cosas de este mundo, porque yo también lo estoy y no termino de entender lo que estamos haciendo aquí, así que podremos discutir de nuestros políticos de mierda una y otra vez, quizá levantar una revolución de dos o de un millón, pero también podemos estar tranquilos porque aún hay algunas pocas cosas hermosas en el mundo, y podemos decirlas y continuar.

Si en nuestras salidas tomamos cerveza, está bien.
Si en nuestras salidas tomamos whisky, está bien.
Si soportas que fume tabaco en pipa, soportaré que fumes cigarros mediocres.
Si en nuestras mañanas tomas café, está bien (pero yo no tomaré).
Si en nuestras salidas quieres estar triste o estar alegre, puedo estarlo contigo o proponer alguna alternativa.
Si quieres gritar al acantilado, está bien. Gritar es bueno.

Entonces quizá ahora te preguntes si vale la pena una cita conmigo, un hombre que no es guapo, ni alto, que no baila y desprecia la televisión comercial, que nunca va a ir a un antro donde te escogen para entrar ni va a tomar tequila ni mezcal, que es alérgico a los gatos y gusta de los perros, quizá consideres que no será una cita interesante, y quizá no lo sea, pero, a diferencia de otras citas que tendrás, puedes estar segura que yo, desde el principio, te dije la verdad.