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Los escritos de Fernando Benavides

Categoría: poema

Apenas mujer

Era apenas una mujer
asombrada de todo:
de la lluvia queda
y los días soleados,
de los hombres salvajes
y los pequeños momentos;
canarios que vuelan y no regresan.

Era una mujer,
que no podía dar un paso
sin saber qué dirección tomar.

Veía la vida desde su ventana
y cada que podía
salía
sin querer regresar;
pero siempre lo hacía,
siempre regresaba.

Ya vendrían los días
en los que aprendería
que el dolor llega
sin ser llamado.

Tenía curiosidad de todo,
a todo sonreía;
disfrutaba la lluvia
y disfrutaba el calor
sobre su cuello.

Pequeños mundos caóticos entre sus manos,
y mientras podía
descansaba tranquila.

Era apenas una mujer
con una belleza inocente
y un animal furioso adentro
que no tarda en salir
y no tarda en regresar asustado.

Infiel

Soy una persona completamente desleal,
infiel hasta la repugnancia;
un sólo plan se escapa de mis manos
como si de agua salada se tratara.

Comienzo a pensar en el mar
cuando aún voy cruzando el desierto;
extraño la tristeza
cuando estoy lleno de felicidad.

Los caminos que tanto trabajo tomaron
los espero de vuelta cuando he llegado al final,
no hay luz que pueda
cubrir toda la oscuridad.

Soy infiel a cualquier arte,
desleal a todos los tratos;
y tengo en la sangre la muerte
con sus ríos de intranquilidad.

A lo mejor es porque el tiempo
nos jugará mal
en cualquier momento,
desleal como nosotros.

Pero eso no explica
mi repentina necesidad
de ir a un lugar
antes del amanecer;
ni extrañar el frío
o la soledad.

Soy desleal al camino
y a la bendición
del susurro.
Soy infiel
a todo lo que me acerque
al final.

Pero
qué se podía esperar de una persona
que aspira a todo
menos a la tranquilidad.

A tiempo

Estuvimos a tiempo en el paraíso,
después,
el mar se lo fue comiendo poco a poco.

Vivimos el tiempo a tiempo,
después,
la edad llegó.

Nos dejamos de hablar a tiempo,
después,
nos recordamos como lo que pudo pasar
y no pasó.

Porque ahora veo hacia atrás
y los caminos se revuelven
para regresar a casa,
a aquella ciudad,
a aquellas ilusiones,
y pienso en que una vez
decidimos acabar a tiempo
para poder recordar después.

Desde hace tiempo

Desde hace tiempo
me doy cuenta
que al tiempo
se le acaba el tiempo.

Cada vez más
las cosas
se van cuarteando
en sus propios cimientos.

No hay nuevas pinturas
ni pintores
que quieran hacerlas
o sepan cómo;
es como
si todo
hubiera dejado de tener sentido
o si todo
hubiera acabado.

Hace tiempo
no tenemos tiempo
para mirar la noche;
como si le temiéramos al sonido de la oscuridad,
y nos empeñáramos
en alejarlo con aquelarre vulgares.

El mundo
ya no es hermoso
a nuestros ojos
y acabamos
con él.

Hace tiempo
no hay
miras
de una muerte hermosa
que valga la pena
recordar.

Hace tiempo
el silencio
se ha acabado,
y cada vez
es más difícil encontrarlo
en el poco tiempo
que nos queda.

La muerte de la paloma

Hoy murió la paloma que habíamos rescatado;
lo intentó con toda su fuerza,
lo intentamos con toda nuestra esperanza;
pero murió.

La habíamos encontrado
a mitad de la calle,
con las garras llenas de pegamento
y un golpe en la cabeza.

La llevé a casa
para que sus últimos minutos
no los pasara viendo la cercanía de los automóviles
ni el calor del pavimento la calcinara;
lo único que quería,
era darle un último buen recuerdo.

Pero estando en casa
parecía que lo iba a lograr,
fue mejorando
y dio señales de lucha;
luchaba como cuando retas al destino
y comienzas a ganarle la partida.

Un día después,
al regresar del trabajo,
en medio de una tormenta
encontramos a la paloma muerta,
con un poco de la calma buscada
y la vida agotada.

Tal vez no debí interrumpir a la muerte.

Nos quedamos viéndola,
sin entender en qué habíamos fallado
o por dónde se nos había colado la muerte
entre cuidados y alimento licuado.

Hoy murió la paloma que habíamos rescatado;
solo espero
que sus últimos minutos
hayan sido de tranquilidad
y trinos de reconciliación.

Ausente

En ocasiones
la fuerza abandona mis manos
y el fuego que había alimentado
es solo una brasa
poco roja
casi fría
casi blanca.

Los bosques tras de mi
siguen estando ahí
pero cada vez menos
me llama la oscuridad.

Como si ya hubiera visto
todos los caballos perdidos
y las serpientes
yacieran muertas
heladas bajo la tierra.

Los muertos están conmigo
sin hablar
sin quejarse
sin adorar.

Tengo los caminos tan lejanos
que he logrado perderme
sin moverme
sin asustarme.

Escucho
el ruido alejado
del mar tras las montañas
y el abandono toca mi hombro
comprendiendo
la quietud de todo
y la ausencia de la vida.

Acto suicida

No recuerdo un sólo día,
en el que el mundo
no me haya dado miedo
y me haya lanzado a él
en acto suicida.

La felicidad siempre me pareció
un acto extraño,
lejano,
yo tan indigno de ella.

Las grandes hazañas
y los grandes hombres
parecieron morir en cuanto yo llegaba
y los buenos tiempos
nunca fueron míos.

Encontré paz en la huida,
en los caminos
y en la noche que se come la carretera;
pero siempre busqué
el silencio.

Las mujeres que tuve
y los amores que logré
se fueron rapidamente,
y los logros aparecieron,
sólo cuando habían terminado.

El fuego que encontré
entre la entraña y la espalda
sirvió para alumbrar
el camino que me alejaba de la ciudad,
para llegar al final del camino
y regresar.

No recuerdo un sólo día,
en el que el mundo
no me haya dado miedo
y me haya lanzado a él
en acto suicida.

Elefantes

Escucho en las noches,
el ruido sordo
de los elefantes.

Escucho en las noches
la vida que me queda,
sin prisa y sin mañana.

Escucho en las noches
los ruidos que nadie quiere escuchar
y me inquietan.

Escucho también
la paz que ya no me encuentra
y cómo se aleja.

Es posible
que ya no pueda dormir
como tampoco puedo soñar.

Me he alejado tanto de todo
que es difícil regresar
o encontrar de nuevo la tranquilidad.

Ya no escucho sonrisas
bajo la lluvia
ni bajo el llanto.

Y no tengo placer
en buscar la perdición
como antes lo tenía.

Se ha ido todo,
poco a poco,
hasta dejarme solamente
con el ruido sordo
de los elefantes.

Mi lugar

La tierra se abrirá
en la orilla del tiempo,
cuando no tenga nada que recordar
o no pueda vivir de tanto hacerlo.

Vendrán entonces los viajes
y las vistas
de las montañas verdes
cubiertas de sonidos de lluvia
y mis intenciones de ser feliz.

Estaré atento
a recordar
cuando logré
dejar el tiempo atrás.

El sonido
de mis pasos
sobre el pasto
corriendo para esconderme
del grito de los animales
llegará trás de mi.

Y por fin podré detenerme
como no consigo hacerlo
desde que perdí
la habilidad de dormir.

Creo
que después de todo
no pertenezco aquí,
y no encuentro mi lugar.

Voces de la noche

La noche se revuelve en mi,
en cada una de sus oscuridades
sin dejarme dormir
sin dejarme descansar.

Como si me estuvieran hablando
las voces de su conciencia
y todas me dicen
Levántate padre mío
y no dejan de sonar.

Por temporadas
las voces calman,
ceden un poco
pero vuelven aquí
siempre.

Quisiera entonces
aferrarme a la cama
como lo hacen los demás
e ignorar;
pero no puedo
porque las voces ahí están.

Entonces escucho todo
y el mundo ataca de nuevo
una
y otra
y otra vez
hasta el final.

Todo ha cambiado,
porque ahora lo romántico
del caos
ha desaparecido
y solo queda
el ruido
violento
del suicidio.