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Los escritos de Fernando Benavides

Etiqueta: Ariadna

Mis chicas

Díganle a mis chicas que nos iremos pronto

que tomaremos nuestras cosas y nos largaremos de este mundo pisando cada pilar que resta

díganle a mis chicas que estén listas

que Nala use el chaleco rojo y Gretel vista la pequeña playera blanca

Díganle a Lissette que pasaremos por ella y nos largaremos a Hamburgo

que nos llevaremos a Jannis y dejaremos la tierra seca de aquí,

digan a los que nos recuerdan que nos olviden,

digan a todos que no somos nadie
y es suficiente.

que guarden unos boletos de tren y una pistola .44
porque no vamos a voler
y vamos a volar en el camino.

Díganle a los que se quedan que deben irse

Díganle a mis chicas que pasaré por ellas al atardecer,
no hay más que hacer
mas que tomar el largo camino del resto de nuestras vidas.

Tendremos una tumba decente
de personas bien vividas,
y 3 metros bajo tierra,
seguiremos andando el camino.

Aridiohead

Cada que escucho a Radiohead recuerdo a Ariadna.

Aquel viaje de relación tuvo un sin fin de rumbos y tomamos todas las direcciones que pudimos, incluso algunas ciegas y otras por amor, unas más por necios y disfrutar serlo.

Ella era una mujer que sabía perderse, por eso la amaba y por eso la veía a la distancia y me aferraba a su sombra, que era profunda y negra como sus ojos; por eso la sembré con el mismo amor con el que la tendré siempre.

Nunca veré a alguien más llorar como lo hacía ella, pues ella lloraba como si el destino se hiciera añicos y nadie lo supiera; quizá era cierto, quizá no lo vi; aquella eternidad de lagrimas me hizo pensar que algunas personas sienten el abismo sin poder hablar mas que con desesperación. Ella hablaba por el mundo.

También era alegría, Ariadna daba al mundo una razón de ser, porque sabía perderse y sabía encontrarse; sabía cuestionarse, que es la forma más sincera de amarse como persona.

Me gustaba perderme en su forma de ser; sólo que una vez que me perdí ya no pude salir de ella; dejé una parte de mi en sus entrañas, en su intento, en su piel y su esperanza, y ahí se quedará, después, claro, huí.

Ahora lo veo y me doy cuenta que su laberinto era hermoso, que se ha perdido en sí misma, pues ella es el camino en el que puedes andar hasta el amanecer.

Ariadna tenía una bella sonrisa,
Ariadna se atrevía,
Ariadna ha andado más lejos que todos,
Ariadna logró llegar,
Ariadna se desesperaba y no había velocidad suficiente para sus preguntas.

Ella nunca creyó en mi, por eso todo terminó a las 2 de la mañana y me adentré en una oscuridad que no era la suya y comencé a nadar en lo profundo, lejos de la montaña. Sin embargo recuerdo todo como si su sonrisa hubiera sido una extensión de mi, sus lágrimas y sus sueños; como si cada logro hubiera sido una hoja bien escrita y bien colocada, como si cada beso hubiera sido necesario; quizá así fue, quizá incluso el final fue hermoso.

Cada que escucho a Radiohead recuerdo a Ariadna, porque era así, perfecta en su complicación, y nadie podrá ser como ella: Única.

A ella la veré de una forma distinta cuando la lluvia llegue, cuando las lagrimas rueden, cuando cierre los ojos y no pueda creer. Cuando todo eso pase recordaré a Ariadna, tan ella, que el miedo se acerque.

Ella bebió conmigo bastante whisky,
y cerveza,
y fumábamos y nos íbamos al sótano a escuchar vinilos,
nos perdíamos, pero juntos;
esa era la diferencia.

Ella tenía valor,
ella se enfrentó al mundo,
y un día no pude más,
tuve que dejarla porque la amaba,
y porque nadie
escuchaba a Radiohead como ella.

Malos sustitutos

Las sábanas como mal sustituto de tus brazos,
mi silencio como pésimo sustituto de tu silencio,
las esquinas vacías,
los despertares tranquilos,
el mar que se quedará esperando.

El aire frío que insistente no embatirémos,
y los ensueños no se compartirán formando un puente sobre nuestras cabezas.

Los brazos,
los pies torpes buscan sin respuesta.
Este aire es mucho para mi.

La libertad no es mas que una gran soledad,
y la noche un recuerdo que no termina de pasar.

Después de dos años

Hoy, después de dos años, le di su libertad y me dio la mía, no es que haya querido mi libertad; en parte sí, en parte extrañaba muchas cosas, pero también, antes, cuando era libre, quería tener un hogar y unos brazos, con ella los tuve y los amé, como nunca y de la manera que no sabía era posible. Los días llegaron, uno a uno, hasta formar dos años completos, entre esos dos años pasaron tantas cosas que no podría decirlas y otras no debería, por mutuo respeto y tratos de caballerosidad medieval, cosas hermosas. Al final nos comprendimos, llegamos a los acuerdos necesarios.

Veo el momento, esta libertad, como estar de nuevo a la deriva, como ver los antebrazos del viento tocar el desierto, invitándome a que suba por ellos hasta el cuello del cielo y desde ahí, ver qué hay más allá de las casas erosionadas y los oasis imaginados.

Tengo tanta nostalgia como esperanza, conocí a la persona más profunda de mi mundo y se quedará eternamente conmigo, escribiré en el futuro sobre ella y nadie la podrá tocar, ¡aléjense! ella es sagrada. Encontraré caminos en nuestro pasado, me regocijaré en los recuerdos de su sonrisa, no habrá límite para las palabras que le dedicaré ni para las lágrimas que necesiten desbordar de aquellos ríos nuestros que constantemente recorreremos, y podré decir para siempre que tuve un para siempre.

Todos vamos hasta donde nos permitimos, y a veces, estar el resto de la vida con alguien, significa no estar juntos.

Supongo que eso debe ser amar, estar con una persona para que te enseñe y enseñar, subsanar errores, crecer, ser más y, llegado el momento, soltar; encontrar orgullo en ello, saber que se hizo todo y ello es correcto, tener la confianza en que uno ha sembrado algo bueno, así como ella sembró tanto en mi, que eso se queda, se mantiene, que será por todos mis años.

Pasaron dos años, todo cambió en ese momento, las amistades, los lugares, los libros, mis sentimientos y mis letras, nacieron mil palabras nuevas, se sembraron campos de días, se resistieron todas las tormentas y llegamos al final a salvo, para que, al salir el sol, pudiéramos acompañarnos en nuestro primer paso, caminar uno y el otro, por el propio píe, a nuestros caminos, paralelos, y compartidos.

Gracias Ari.

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Hombre vacío

Soy un hombre vacío de nuevo;
incapaz de retener cualquier momento preciado que disfrutaba,
sin garras ni caricias,
no tengo nada,
soy un hombre vacío de nuevo.

Soy de nada, oculto y temeroso,
soy de la vacuidad, de la soledad.

Soy un hombre vacío de nuevo,
no tengo siquiera intenciones,
el fuego se apaga,
me retuerzo en la cenizas de mis mejores momentos,
en lo casi logrado,
en mi perdida valiosa.

Soy un hombre vacío,
vivo por vivir,
camino sin tener rumbo,
siento sólo el aire,
no hay nada más que sentir.

No me quejo de no tener,
tuve y dejé ir,
soy un hombre vacío que sigue su camino.

Bicicleta

Un día le regalé una bicicleta; estoy seguro que nadie le dará un mejor regalo, ni yo daré, jamás, un regalo mejor.

La compré en navidad y la escondí en la casa donde vivíamos, entonces, por la noche, como si fuera Santa Claus, se la di, y ella, a sus 28 años, de pronto tuvo 8. Sus enormes ojos, su voz y su felicidad se desparramaban a sus pasos, tras sus píes, en cada palabra y en su respiración de niña feliz.

Es una bicicleta hermosa, blanca con flores rojas, acaso algunas rosas y, estoy seguro, es la más veloz de todas.

Ahora no la usa, hay otras cosas y el tiempo se cuenta escaso en la ciudad; en realidad la usó poco, pero recuerdo haberla visto, como nunca vi a nadie, tan feliz en su bicicleta, que su imagen estará siempre en mi mente, en mi memoria y en mis palabras, cuando pase por aquí, donde ella y su bici, anduvieron una vez.

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Inmortal

No puedes retenerme toda la vida,
no puedes,
no puedes tenerme allí, a tu lado, en el abismo,
en mi abismo, en la coyuntura donde mi destino es la rastra.

No estoy a la espera de la salvación aunque, cierto, estaba a tu espera,
pero no puedes retenerme toda la vida,
no puedes retenerme a tu lado;
y ando,
caigo,
como tierra,
escucho las campanas de la salvación,
y las ignoro,
porque te tenía a ti,
y no puedes retenerme a tu lado.

A ti no te gustaba mi melancolía,
no te gustó lo que te gustaba de mi,
yo te veía nadar y romper las olas, elegante,
dar una brazada hacia mi y dos alejándote de mi mirada.

Pero qué puedo hacer,
si escribo de tristeza,
rebusco atardeceres,
donde acompañado estaba solo.

Y tú no entendías que de la sombra se nutre mi sangre,
decías comprender y la acción era diferente,
rabiosa contraria que evade aceptación.
Rememoro mejor el torrente de lluvia que la arena,
pero la vida vivida eras tú,
realidad mayor al recuerdo,
más preciada, más amada,
el tiempo era nuestro aliado,
y no puedes retenerme a tu lado.

Ahora qué me queda,
sino hacerte lo que tanto anhelabas,
recordarte como preferías,
sin saber que para ser recordado hay que estar separados;
bien,
aquí lo haremos, de una vez por todas,
la primera de muchas, el tanto inagotable,
ahora serás palabras queridas,
actos lejanos,
recuerdos poblados,
dolor del ser,
sollozo callado, oscuro,
tiempo acabado,
visita fúnebre, recurrente,
amada esperanza,
acto de mis escritos,
mujer lejana,
presente funerario,
pasado anhelado,
esfuerzo nulo,
recuerdos hermosos.

Ahora te haré inmortal, cómo tanto querías ser,
porque nunca fuiste feliz a mi lado,
tenías urgencia por pertenecer a mi pasado,
para que escribiera de ti como lo que no pudo ser,
y no como lo que eras.
Quizá por eso decías que nunca escribí de ti,
por eso olvidaste todas mis palabras,
tantas de ellas,
porque no eran como las otras,
porque no eran de dolor,
porque no eran de fracasos,
como las demás;
no viste que eras mi presente,
mi mundo real,
mujer de mis caricias,
promesas carnales,
actos carnales,
esperanzas reales,
ciertas, no palabras;
envidiabas las frases escritas a lo que no fue,
lo que no fue,
y ahora somos lo que no pudo ser.

Ahora serás inmortal, y yo estaré a tu lado,
en mi abismo,
me mantendré viendo el oscuro arrecife,
cobijandome con tu recuerdo,
bebiendo la memoria de tu voz.

Ahora serás inmortal, como tanto envidiabas ser.

Y yo, así, regresaré a ser el ser que amaste sin conocer,
regresaré a ser el que no tiene rostro,
el que escribe por la madrugada,
el que se refleja en su ventana,
solitario de nuevo,
el que se mantiene tranquilo, sin esperanza.

Seré imaginación de nuevo,
serás musa mía,
lejos de mi,
como quisiste, como buscaste, como lograste.

No puedes retenerme toda la vida,
no porque yo no quisiera,
no por mi libertad ni mi egoismo,
no porque no lo anhelara contigo,
sino porque no puedes, tú, tenerme a tu lado.

Inmortal como querías serás
y estaremos separados.

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