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Los escritos de Fernando Benavides

Etiqueta: Cervezas

Me he enamorado de todo

De las mujeres
de las palabras
de las caricias
de los silencios
y los desencantos.

Me he enamorado de todo;
de cada tentación
y de cada fracaso;
especialmente de cada fracaso.

Me he enamorado
y he intentado todo;
me he enamorado de los días lluviosos
y de los soleados,
de las mujeres en pequeños trajes de baño
caminando por una calle empedrada
a la orilla de la playa;
y de las mujeres que se han mantenido alejadas.

Me he enamorado
de todo lo que un hombre se puede enamorar;
de la cerveza
y del tabaco,
de las apuestas
y de todas las veces que perdí en ellas,
especialmente de todas las veces que perdí.

Me he enamorado de cada momento
en que he estado perdido
y ahogado en mis pensamientos
y en el alcohol;
especialmente en el whisky.

Y todas las veces que me he enamorado
me han traicionado;
las mujeres
y las apuestas,
la voz de la oscuridad
y el día en el que he creído.

Me he enamorado
entonces
del intento.

A 10 mil pies de altura

Viajaba a algún lado,
solo,
el asiento a mi lado estaba vacío;
en algún momento
rumbo al aeropuerto
pensé que la iba a encontrar en la sala de espera.
No sucedió.

Se supone que los viajes deben ser algo feliz,
pero yo tenía el culo a 10 mil pies de altura
sin alguien que disfrutara la cerveza que ofrecía la azafata
y terminé bebiendo sin compañía.

Aquello era un viaje a la incertidumbre
ni siquiera sabía a qué hotel llegaría;
sólo quería beber un poco
y encontrar sentido a la vida
si es que lo tiene
o si es que se puede encontrar.

Así que ahí estaba;
había perdido
como nunca antes,
pero quizá era justo
después de tanta indiferencia.

A 10 mil pies de altura
la cerveza sabe diferente,
y yo sólo esperaba palpar
aún fresca
la sangre de Hemingway en
su escritorio
y beber su jugo de naranja.

Al borde de la locura

Se comienza bien
en la noche
antes de conocerte;
cuando todo tiene sentido
alguno.

En el día continúas
con tu trabajo
hasta que termina
y quieres llegar a desbordarte;
aceptar lo que queda de ti
(que es lo único verdadero).

Hemos pocos demonios perdidos
tirados en el azulejo
del baño
arrastrándonos hasta la madrugada.

Sin mujeres,
sin tiempo de sobra,
al borde de la locura;
cerveza con sabor a pasta de dientes.

Las peores crisis
ocurren en la soledad
de una pequeña habitación
buscando la poca salvación.

Quién aguanta
a un hombre
que se pierde continuamente,
y marca el camino
de los que vienen
a olvidar.

La virtud
se esconde
en la desesperación.

Somos los últimos en la fila,
estamos perdidos
olvidados
y somos pocos.

Incapacidad

Llevaba una botella de vino y varias cervezas,
el mundo se había derrumbado
pero no se había destruido;
no había almas perdías en la calle,
ni en mi cama,
no en el telefono;
no estaban encontradas.
Todos estábamos perdidos.

La realidad tenía algo de distante,
y los deseos que no se habían cumplido
tocaban la puerta
a la 1 de la mañana.

Las palabras no funcionaban
para quien estaban dirigidas,
de alguna manera no sabía hablar
y tenía esta incapacidad de amar,
o de intentarlo.

El alma galopaba
sin destino alguno,
estaba viva,
sin sentido,
como si tuviera prisa de llegar
más allá de donde alcanzo a ver.

Quizá sea el alcohol
la desesperación,
la soledad,
la esperanza,
el cuento de la infancia,
la guerra más allá de la carretera,
del oceano,
o la paz de una pareja que hace el amor
por toda la humanidad;
pero el mundo carece de rumbo
cuando quieres detenerte a observar
y nadie más está interesado en hacerlo,
ni está interesado en encontrar
todas palabras perdidas.

Así que estaba aquí,
con el árbol frente a mi ventana,
los dos recibiendo el sonido del viento
y abrigando la noche,
sin nadie que nos viera,
muy mudos,
muy tristes,
queriendo no estarlo,
sin que comprendiera
todo lo que decíamos.

Está bien,
esperar,
o morir cada noche
en la lápida de tu propia espera.

Momentos

Era invierno,
y el año acababa de comenzar;
habían sido días difíciles
o días de cambio,
que suele ser lo mismo.

Yo vivía en un pequeño departamento,
pero era suficiente
para poder estar
y escribir.
Un hombre necesita ambas cosas.

Había conocido otras personas
cuando salía,
con las manos en los bolsillos
al parque,
y todos sacábamos a los perros
y estábamos algunos minutos allí,
mientras los animales corrían
con la poca sangre salvaje que les quedaba.

Un día pensamos
que sería buena idea ir a otro lugar,
más grande,
y llevar algo de comida,
vino y cerveza.

Y fuimos y estuvimos,
y todos parecían sentirse bien;
nos sentamos en el pasto,
y platicamos
mientras veíamos cómo
los animales corrían de nuevo;
alejándose de la desesperación.

Todos reíamos
y platicábamos
de escritores,
de músicos,
pero todo
al nivel del mar
cuando no ambiciona comerse la tierra
ni seca la sal.

Y estuvimos allí,
bebiendo vino
y cerveza;
el sol fue recorriendo cada parte del lugar,
como si tocara cada pasto
y lo llenara
de un cálido oro.

Cuando nos dimos cuenta
habían pasado muchas horas
y nadie se quería ir,
porque todo estaba bien.

Habíamos encontrado un lugar
y un tiempo
lejos de todo,
que recordaríamos
como el momento en que nada importaba,
y nos permitimos pensar
en la posibilidad
de correr desbocados
como aquellos perros,
y tranquilos
si es que eso queríamos;
y nos quedamos callados
contemplando todo aquello
mientras nuestras manos
tocaban el pasto.