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Los escritos de Fernando Benavides

Etiqueta: de la fe

Pequeños dioses

Tengo pequeños dioses
que han sido duros con la vida
y regresado de la muerte
y el tiempo
y nunca tuvieron el olvido como opción.

Todo,
lo hermoso y el dolor
parece lejano,
y ellos se mantuvieron
hasta que llegaron al otro lado del río.

Yo he abandonado todo para seguirlos,
pero las monedas
no son suficientes para llegar;
y la gente me intenta ahogar
lejos de lo que seguía,
veo la ciudad con todos los hombres
y las mujeres,
los cuerpos que van y vienen
y las sonrisas;
pero nunca consigo quedarme con ninguna
para ningún propósito,
así que voy camino a ninguna parte,
sin que me sea permitido arrancar la única inocencia
que me interesa.

Todo los demás es una continua repetición
y no hay vida,
no hay sorpresas;
quizá haya perdido,
antes de iniciar la carrera.

Así que lo único que me queda,
son las gotas de la noche,
y con algo de suerte
otro momento para continuar
sin envejecer demasiado
o dejar de escuchar.

Ojalá pueda llegar al fin del camino

Usualmente calmo la impulsividad desvergonzada de la sangre al escribir, evito así saltar del tren a camino medio, ir tras la noche aunque fallezca de temor al llegar a ella, o sorteo perder la vida vivida. Escribir es todo, lo demás son sólo anécdotas, muertes pequeñas. Todo el tiempo estamos muriendo, a cada segundo, a cada instante, buscando sepultura, todo el tiempo lo pensamos, algunos lo hacen, otros escribimos; al menos así sabrán que estuve vivo, con algo de suerte no saltaré del vagón, me mantendré aquí con hojas y tinta. Ojalá pueda llegar al fin del camino, donde el sol se conserva y los caminos de tierra se llenan de verdes hojas. Ojalá pueda llegar al final.

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Hoy es la noche

En la vida hemos tantos confundidos, perdidos. Somos tantos como parvada de cuervos que en la noche y a ciegas volamos perdiendo el rumbo que hasta aquí nos trajo, olvidando al viento.

Los niños aquellos que fuimos, que tanto pensaban nuestros padres que iríamos por el bien, y ahora, mira, aquí estamos, confusos, confundidos, aletargados, con los compromisos gastados, y yo arrodillándome ante tu sombra, ese soy yo.

No hay esperanza aquí ni en San Juan de la fe, no hay mares, todo es desierto y en desierto se derrumba.

He perdido el olor que me hacía de tu pertenencia, que mi vida era contigo el camino mismo, he perdido el aroma de mi hogar, estoy quedándome en la revoltura de los días, que pasan todos y hacen más y más complicado seguirte. Estoy en la orilla de tu recuerdo, perdiendo el sentido.

Ahora soy la sombra, el oído que ruega, la noche que dura, la desesperación continua.

Habrá un día, cierto, pero hoy es la noche.

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